Las musas se pasean por Vigo

La Voz

VIGO

ÓSCAR VÁZQUEZ

La Mirilla El arte se acercó a la ciudad a través de la música tradicional y la literatura

25 oct 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

Así se mostró Cristina Almeida en su visita a Vigo. Que lo mismo da una charla sobre la situación de las mujeres y los malos tratos, que habla de política o improvisa un poco de baile gallego, así de natural. El baile más internacional de los gallegos le sirvió a esta abogada y política para sentirse un poco más especial y protagonista por un día. Y es que los gaiteros, de celebración por la inauguración de las estatuas que recorren el centro urbano de Vigo, cogieron a esta simpática mujer entrando en las charlas que organiza la federación vecinal Eduardo Chao. «Para que luego digan que los gaiteros sólo van a recibir a Fraga», fue más o menos la expresión que la popular y televisiva Almeida argumentó cuando oyó el son de las gaitas. Sin duda entró con más alegría de la que después tuvo que buscar para hablar de temas tan duros como los malos tratos, hilo central de las jornadas de Favec. Ayer participó en ellas Miguel Lorente Acosta, médico forense de Jaén, profesor asociado de medicina legal en la Universidad de Granada y autor, entre otros, del libro Mi marido me pega lo normal, agresión a la mujer: realidades y mitos. Así se encontró ayer el escritor y periodista Álvaro Otero en la presentación de su novela De mar y de muerte. Bajo este título tan marinero se esconde otra de sus historias cercanas a los océanos, aunque esta vez se queda en eso, en cerca, porque se desenvuelve en un barco. Atrás quedan otros títulos más ligados al líquido elemento como Días de agua , por el que ganó el prestigioso premio de novela Nostromo. Otro de sus pequeños tesoros marinos fue Waelrad (que significa tierra de ballenas). Lo que tienen en común todos estos títulos, junto al azul marino, es el misterio, con el que intenta captar la atención del lector desde la primera hasta la última letra. Y parece que lo ha conseguido, porque ayer no dejaba de firmar ejemplares entre los interesados que se acercaron a La casa del libro. Allí se encontró arropado no sólo de sus admiradores; también de sus amigos, aunque si cabe estos últimos tienen mucho de lo primero. Pues lo dicho, feliz travesía por las aguas de la literatura.