Zona Franca se gasta 255.000 euros al año en un recinto que nadie disfruta desde el 2002
16 oct 2006 . Actualizado a las 07:00 h.¿Qué ciudad se permite el lujo de desaprovechar 100.000 metros cuadrados con unas instalaciones envidiables junto al mar? Por desgracia, Vigo. Hace cuatro años que la Zona Franca decidió comprar la ETEA y el viejo recinto militar sigue, a día de hoy, sin tener destino claro. No sólo eso: se está pudriendo. Su deterioro se hace cada vez más evidente pese a que el consorcio público se gasta una cantidad nada desdeñable al año, 255.000 euros (40 millones de las antiguas pesetas), en su mantenimiento. Según ha explicado Zona Franca a este periódico, buena parte de ese dinero (183.000 euros) es para pagar la vigilancia que ejercen sin descanso agentes de la Guardia Civil en situación de reserva. La piscina (la más grande que hay en la ciudad) se está estropeando a marchas forzadas, los hierbajos se comen el campo de fútbol, el pabellón polideportivo lleva camino de necesitar una reforma a fondo, la franja litoral permanece derrada a cal y canto... Afortunadamente, la estructura de los inmuebles emblemáticos (Faraday, Morse, Janer, Gauss...) no parece correr peligro de momento, aunque el progresivo deterioro de sus elementos recuerda a lo ocurrido hace años con el cuartel de Barreiro. Silencio La Voz quiso saber ayer por boca del delegado del Estado en la Zona Franca en qué situación se encuentra la ETEA y cuáles son sus previsiones. Francisco López Peña declinó hablar del tema. Hace un año amenazó con dejar la zona tal y como está de forma indefinida. Al menos si el Ayuntamiento no le daba luz verde a la ordenación urbanística que contemplaba. El problema, en realidad, arrancó en el 2002. Fue entonces cuando su antecesor Pablo Egerique decidió comprar la antigua escuela de la Armada al Ministerio de Defensa por 30 millones de euros. Sin saber para qué. Fue después de formalizar la operación cuando convocó un concurso de ideas que acabó ganando el arquitecto César Portela, cuya propuesta permanece en el limbo. El nuevo Plan General de Ordenación Municipal (PGOM) no la contempla. De hecho, el Concello rechazó una alegación que hizo la Zona Franca y dejó el recinto para equipamiento público. Retomar el plan de Portela obligará a una modificación puntual que se antoja compleja. Por el camino ha surgido el interés de la Xunta de Galicia, con su presidente Touriño a la cabeza, por utilizar parte del recinto para dar cobijo a la Ciudad del Mar, un complejo que aunaría todos los centros de investigación marina que hay en la ciudad. Los responsables de la Zona Franca ya han advertido en privado que no hay problemas para ubicar el Instituto de Investigaciones Marinas que se trasladará de Bouzas, pero que la ocupación de más superficie daría al traste con los planes del consorcio de rentabilizar la compra que hizo en su momento. Esta indefinición que vive la ETEA duele especialmente en Teis. Habitantes del barrio sufrieron en su momento la expropiación forzosa de los terrenos que se dedicaron a usos militares y, ahora, los vecinos ni siquiera pueden disfrutar de las instalaciones deportivas que hay en la que fuera Escuela de Transmisiones y Electrónica de la Armada. «É absolutamente vergonzoso ver como se estropea a piscina sen que a cidadanía poida usala ou que non se abra un paseo polo litoral», afirma Avelino Gómez Quirós, presidente de la asociación vecinal de Teis. La entidad dice que ambas cuestiones se podrían conseguir con un poco de voluntad «e un mínimo de dignidade» por parte de las administraciones: «Bastaría con ampliar o valado uns corenta metros para que os cidadáns fagan uso dos equipamentos deportivos e que se permita a creación dun paseo entre A Lagoa e Ríos». De momento lo único seguro es que la Zona Franca, institución que maneja el dinero de las empresas viguesas, hizo una pésima inversión y que la ciudad sigue dándole la espalda al mar incluso donde tiene oportunidades de reencontrarse con él.