A Franqueira acogió a miles de devotos

Donato Rey A CAÑIZA

VIGO

D.R.

Reportaje | Una romería milenaria La procesión posterior a la misa grande fue un año más uno de los principales atractivos, con la imagen de la Virgen transportada por un carro con bueyes

08 sep 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

?a milenaria y gran devoción a la Virgen de A Franqueira, en A Cañiza, volvió a manifestarse en el día de ayer con la presencia de miles de personas llegadas de diferentes puntos de Galicia y Portugal para darle gracias o pedirle su ayuda. Desde primeras horas de la mañana autobuses, coches y, sobre todo, devotos abarrotaron las inmediaciones del templo para ser partícipes del ambiente festivo, aunque marcado por la espiritualidad y unos actos religiosos que alcanzaba su punto culminante a las doce del mediodía, con la celebración de la misa grande, que en esta ocasión se celebra en un lateral del templo. Un espacio en el que cientos de devotos compartieron protagonismo con la presencia de numerosas velas. Mientras el obispo encabezaba el nutrido grupo de sacerdotes presentes en el acto eucarístico, la imagen de la Virgen en el interior del templo se convertía en el otro centro de atención e interés, gracias a las muchas personas que cumplían el ritual de pasar un pañuelo por la inmaculada figura o por el carro que la porta para, a continuación, pasarlo por el cuerpo tratando de lograr la gracia divina de otorgarles salud o ayudarles a superar sus problemas. Entre los que llevaron a cabo el ritual destacaba la presencia de marineros, especialmente de la zona de O Morrazo, entre los que existe una gran devoción a la Virgen da Franqueira, según apuntó a La Voz un integrante de la comisión organizadora de la romería, incluida en el calendario de fiestas de interés turístico. Tras el sofocante calor, con desmayos incluidos y muchos rostros cansados tras hacer el camino al santuario a pie desde diferentes puntos de la provincia, por devoción o por cumplimiento de una promesa, comenzaba la parte más emotiva y peculiar de la jornada, con la salida de la procesión en la que la Virgen es llevada sobre un carro de labranza tirado por dos bueyes, especialmente engalanados para la ocasión. Cumplido un pequeño tramo el carro con la imagen es detenido ante un palco donde un grupo de danzarines interpreta varias piezas al son de las gaitas y vestidos con unos elegantes trajes. A continuación tuvo lugar otra de las peculiaridades del día, una representación dialogada de la lucha entre un moro y un cristiano, papeles interpretados por dos vecinos de la zona. Tras ello, la procesión vivió su trecho final y la religiosidad da paso a la parte más lúdica y festiva, con la presencia de pulpeiras y numerosos puestos para comer o comprar recuerdos de la visita. Haciendo historia Que la Virgen salga en procesión subida sobre un carro es el fruto de una leyenda popular que cuenta que la imagen de la Virgen fue escondida en un lugar secreto, para evitar que la llegada de los moros supusiera su destrucción. Cuatrocientos años más tarde una anciana del lugar vio un resplandor y la encontró en los lindes entre Luneda y A Franqueira. Para determinar donde situar el centro de culto la pusieron en un carro con los bueyes con los ojos vendados y sin guía, para que ellos eligieran el destino final. La parada ante una antigua fuente determinó el punto donde hoy es venerada.