El tráfico y consumo de drogas repunta a plena luz en el Casco Vello

VIGO

Un sistema de correos lleva la droga desde la Herrería hasta los automovilistas El cierre de negocios de hostelería contribuye a la degradación de la plaza del olivo

01 sep 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

?a aguja encuentra las venas en el picadero de San Julián. Minutos después de la una de la tarde los dos drogadictos suben por Elduayen con la mirada perdida y se encuentran con un colega en la emblemática plaza situada frente al olivo del Paseo Alfonso, que simboliza a la ciudad. Los tres entran en la panadería a comprar dulces. Los yonquis son golosos. «Vienen muchos por aquí, son clientes habituales. El problema no son estos pobres desgraciados, que llevan encima dos o tres papelinas sino los grandes traficantes» dicen en la panadería en alusión a vendedores de droga de la vecina calle de la Herrería. Sonriente y erguida, una matriarca de esa calle saluda a uno de sus correos que está apostado en la plaza. Acaba de venir de una oficina bancaria cercana. Ella organiza el negocio desde su casa. Los huevos Kinder, con la sorpresa de un viaje alucinante en su interior, vuelan desde el balcón y a través de los intermediarios llegan al muchacho de la gorra que está apostado en el semáforo que parpadea. El coche se para. En un momento se produce el intercambio. El dinero cambia de manos y la dosis de droga también. Cerca hay un sórdido hostal que resulta impresionante, «He entrado con la policía para un registro y me quedé sobrecogido» relata un abogado. Las entradas domiciliarias en las viviendas de los medianos traficantes son contadas. Hay que reunir muchas pruebas para pedir autorización judicial. Una red de chivatos puede desbaratar una operación. Terrazas cerradas El abandono de las fincas del Casco Vello las convierte en chutaderos. Cerca de Elduayen hay varios. Los traficantes viven cerca de los lugares de consumo y además la zona tiene cabinas nuevas de Telefónica que permiten avisar al comprador si hay moros en la costa. Según los vecinos, el tráfico de drogas se ha agudizado desde el cierre de dos negocios de hostelería que habían revitalizado la plaza. La idea del propietario era poner terrazas muy grande que se proyectaban como el pulmón del negocio. Pero los arquitectos municipales, no le dieron la primer ocupación por discrepancias de materiales y colores con los permitidos por el Peri Casco Vello. Tras múltiples problemas con las autoridades acabaron cerrando. En la calle se han quedado catorce familias y las ilusiones de un vecindario que veía como la zona se iba recuperando.