«La comida de los hospitales es una tristeza absoluta»

VIGO

Entrevista | Gloria Domecq Nacida en el seno de una familia viguesa muy conocida, se ha formado en lugares tan dispares como India o Francia; ahora ha recalado en un restaurante de Bolonia

25 ago 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

?or sus venas corre la sangre de una de las familias más conocidas de Vigo. Precisamente fueron su abuela materna y su padre los que, desde bien niña, inculcaron a Gloria Domecq la pasión por la cocina. «En la casa trabajaban entonces cinco cocineras, pero mi abuela era la mejor de todas. Uno de mis juegos favoritos consistía en hacer postres», afirma. Con tan buenos maestros desde tan temprana edad, no es de extrañar que Gloria tenga un currículo notable con apenas 25 años. Después de mucho probar, se ha especializado en cocina biológica, aunque ella prefiere llarmala natural. -¿Qué es la cocina natural? -Es una cocina en la que, además de que los alimentos no se han tratado químicamente, debe de llevar un orden y unas características. De hecho, hay personas que pueden comer productos biológicos porque viven en el campo, pero eso no es cocina natural, ya que lo hacen sin control. -Dado que en su casa se hacía cocina convencional ¿cómo se produjo el salto? -Fue en Londres. Con 18 años me fue a estudiar inglés y, de paso, a madurar mi deseo de estudiar hostelería. -¡Pero si en Londrés se come fatal! -Es cierto. Pero como en tantos lugares en los que la alimentación es una pesadilla, conviven los dos polos: el horrible y el sanísimo. Creo que por eso es tan difícil introducir en España la cocina vegetariana, porque aquí existe un término medio muy aceptable. En Londres empecé a cocinar para los amigos y alquilé un puesto en el mercado de Candem Town. Allí iba cada domingo con mi surtido de tartas. -¿Cuál fue el siguiente paso después de las tartas? -Viajar a la India. Allí estuve cuatro meses aprendiendo los secretos de su cocina, sobre todo de sus especias. -¿Y al cabo de esos cuatro meses? -Volví a hacer las maletas, en este caso con destino a Italia. Allí estudié cocina natural. Luego vino un restaurante de París y, finalmente, Bolonia, donde ahora trabajo en un centro ayurvédico. Simultáneamente he asistido a muchos cursos, entre otros a uno sobre el método de la doctora Catherine Kousmine. Fue una mujer que investigó mucho cómo curar a través de la alimentación. Se trata de buscar el equilibrio que nos garantice que cada día tomamos lo necesario para que las células se reproduzcan. -¿...? -Sí, ya sé que hay mucho excepticismo, pero está más que probado. Sin ir más lejos, la persona que impartía el curso padecía esclérosis múltiple. Los médicos le habían dado malas noticias y le habían puesto fecha tope de vida. Sin embargo, después de 20 años diagnosticado sigue haciendo una vida normal. Y es por la alimentación. -¿Por eso quiere trabajar usted en un hospital? -Seguro que algo influyó. Pero es un proyecto que me ronda desde hace tiempo y que espero hacer realidad pronto. La comida de los hospitales es una tristeza absoluta. Y cuando a la tristeza de estar enfermo y recluido, se une la de la alimentación, todo es malo. Qué menos que proporcionarle tres momentos alegres en el día. A los enfermos, dentro de lo que permita el mal que sufran, hay que darles lo que les apetezca. Y, además de atractivo, bien cortado y bien preparado, todo tiene que ser muy fresco. Lo peor que se les puede dar son cosas empaquetadas, porque están completamente desvitalizadas. Cuanto más vivo está un alimento más capacidad nutricional tiene. -¿Cometemos muchos pecados alimentarios? -Muchos. -¿Cuál es el más gordo? -Hay varios. Por ejemplo tomar productos que lleven aromas químicos. A un niño acostumbrado a tomar yogurt de fresa no suelen gustarle las fresas porque no le saben a fresa. Las empresas hacen su trabajo poniendo en el mercado productos adictivos, nosotros tendríamos que hacer el nuestro y rechazarlos. La grasa y el azúcar son también pecados graves. -¿Cuál es su plato favorito? -No tengo. Me gustan muchos. Incluidos los de carne, de la que no hay que abusar, pero que no tiene por qué estar prohibida. -¿Qué opina de la cocina gallega? -Que hay mucha incultura, porque como tenemos muy buena materia prima no nos hemos parado a saber cómo prepararla.