La Mirilla
31 jul 2006 . Actualizado a las 07:00 h.Es una tarea a la que, cada día, se entregan más empresarios, sabedores de que incorporar la lengua gallega a la actividad comercial tiene una traducción positiva en las cuentas de resultados. «O peixe e o marisco, a carne e o leite, a moda e, sen dúbida, o viño galego identificanse coa terra na que teñen orixe a coa xente que os elabora». La frase no es mía. La he copiado de uno de los prólogos de Palabras da terra, el inmenso (en todos los sentidos) libro que acaba de editar la Asociación de Funcionarios para a Normalización Lingüistica. Concretamente es del que firma Emilio Pérez Touriño. La publicación recoge, con un despliegue fotográfico notable, un completo listado de empresas y empresarios del mundo del vino que han optado por entregarse a la tarea de la que hablaba al principio, la de elegir el gallego también para sus relaciones comerciales. Son muchos y pertenecientes a todas las denominaciones de origen, desde la de O Riberio, hasta Monterrei, pasando por Ribeira Sacra y Valdeorras, sin olvidar, claro, la que nos queda más cerca, Rías Baixas. Precisamente es en esa proximidad (y en nada más), en lo que me he basado para hacer una selección de protagonistas y de sentimientos. Porque el libro es, a partes iguales, una mezcla de fotografías con nombre y de crónica sentimental, en la que el lector descubrirá todos los por qués que pueda plantarearse y alguno más. Por ejemplo, Xosé Miguel Troncoso, copropietario de Viñedos Troncoso, cuenta que desde su más tierna infancia le han acompañado palabras como albariño, colleita, lagar, orballo... Dice que tienen que ver con sus padres y que le han acompañado siempre en sus ilusiones, que les está agradecido y que, en justa correspondencia, las emplea «facendo da lingua unha das miñas paixóns e fidelidades». Un caso diferente (o no tanto) es el de José María Fonseca. Sostiene el presidente de Terras Gauda que «oficio tan antigo coma o noso tamén achega un valor engadido no diverso e complexo mundo dos hábitos cultuaris, e a lingua que o explica e expresa, debe ser tamén obxecto de dedicación e cultivo». Cree Fonseca que la lengua nos hace más universales desde la singularidad. Carmen Vieira, que regenta en O Rosal una bodega que lleva su mismo nombre, cuenta que no hay más secreto que el compromiso, que hacer las cosas lo mejor que saben. Porque «a diferenciación e a orixinalidade do noso viño está na terra, na lingua que falan as uvas e as xentes que a traballan». Donde siempre tuvieron claro que sus acciones estarían encaminadas «a prol do uso social e cultural da lingua galega» es en Viñas do Torroxal. O eso sostiene su gerente, Iñaki Vázquez, quien defiende que su promoción y fomento es trabajo de todos. Algo parecido piensan en Quinta do Couselo donde, según cuenta Toia Suárez, una de las propietarias, «gustamos do natural». Porque natural, explica, es que algo que sale de la tierra se presente en la lengaua que se habla desde que nace hasta que remata el proceso de elaboración. Finalmente, Xosé Rodríguez, consejero delegado de Adegas Galegas, se pregunta cómo no ser fieles a la tierra y sentirse orgullosos de su historia y de su lengua. Es de los convencidos de que incorporar el gallego a las actividades comerciales y administrativas supone un valor añadido, al tiempo que anima a todos los empresarios, y no sólo de su sector, a optar por la «autenticidade como estratexia para o seu éxito. De Galicia para o mundo». Amén a todos. Está visto que hoy la cosa va de vinos. Y es que faltan horas (48 para ser exactos) para que levante el telón la Festa do Albariño. Uno de los momentos más esperados es el del fallo del jurado, que este año no lo va a tener fácil. Como todos, pero éste un poco más, ya que hablamos de una cosecha excelente y de 65 marcas a catar. Por primera vez, entre los 22 expertos juzgadores, habrá un catador internacional. De los Estados Unidos de América. A ver. Sobre cómo éramos y como somos versará la conferencia que un día del próximo otoño va a pronunciar en O Porriño Rosa María Mateo. La que fuera una de las profesionales más incombustible de los informativos televisivos sabe bien de primera mano cuánto hemos cambiado. Su charla se inscribe en el convenio que ayer firmaron Caixanova y el Concello, y forma parte del ciclo «Xornalistas do século XXI». La esperamos.