La Mirilla
20 jun 2006 . Actualizado a las 07:00 h.Así se siente desde hace meses el Club Náutico. La celebración del centenario tiene a todos sus mandamases en permanente trajín. Cuando no están presentando un programa cuajado de actos, están retomando un antiguo concurso fotográfico, o una prueba como la travesía a nado de la ría, que llevaba décadas suspendida. Ayer tocaba estrenar imagen. Un par de manos de pintura, unas cuantas fotografías históricas (material sobra) salpicadas por los cristales de la piscina y, sobre todo, una colección de lámparas iluminando la sede social nos ofrecen, desde anoche, una nueva imagen de ese edificio con forma de barco que lleva años formando parte del paisaje portuario vigués. La naturaleza como reclamo Y hasta como medicina. La oferta de casas rurales con encanto (y algo más) no para de crecer. Es lo que tiene la necesidad (acuciante las más de las veces) de alejarse unos días del mundanal ruido para tomar impulso y, a la vuelta, poder seguir la marcha. Pues sepan que el viernes cortan la cinta inaugural de un nuevo de estos remansos de paz. Está a tiro de piedra de A Cañiza. En Torgo para más señas. De ahí el nombre, Escribana de Torgo. María José Silva, la propietaria, ha hecho posible el milagro. Porque un milagro ha sido restaurar una casa de finales del siglo XIX respetando cada uno de los elementos constructivos. Año y medio ha empleado la firma Adecón en devolver a la casa, deshabitada desde hace décadas, su primitivo aspecto. En total 12.000 metros cuadrados cuajados de rincones para perderse. Y sólo ocho habitaciones. O, lo que es lo mismo, un máximo de 16 posibles clientes. Lo que ha sido imposible es saber de dónde viene el nombre de la casa que, por supuesto, también se ha respetado. Dado que el archivo histórico de Ponteareas, que era en el que se guardaban todos los papeles de la comarca, fue en su día pasto de las llamas, no hay manera de confirmar la leyenda. Porque, según cuentan los vecinos, se llama Escribana porque en ella vivía la hija de un escribano del rey. Lo que no saben explicar es por qué dos de las habitaciones estaban (y siguen estando porque hasta eso se ha respetado) unidas por un pasadizo. Como experta que es en medicinas naturales, María José Silva no ha olvidado incluir en la nómina de servicios cromaterapia, fitoterapia, aromaterapia y demás terapias de la carta. Que, hablando de cartas, no hay que olvidarse de la culinaria. Copiando aquella frase de que el mejor medicamento es el alimento, se han hecho el firme propósito de no permitir la entrada en la despensa de ningún producto que no sea ecológico. Sólo hay una forma de comprobar si todo lo que cuenta María José es cierto. Y mate. Fijo. Que para eso estamos hablando de Karpov. Sí, el mismo que se batía el cobre con Kasparov. Tal era el poderío de ambos sobre el tablero que hasta la televisión transmitía sus duelos. El caso es que Anatoly Evguenevich Karpov, 17 veces campeón del mundo, estará en Vigo mañana. No viene a jugar, sino a hablar. De ajedrez, claro. De la situación actual de este ¿deporte? en el mundo. Será a partir de las 17.30 horas en el Marco. Karpov, lo saben bien los aficionados, es una leyenda viva del ajedrez. Apenas contaba 15 años cuando se convirtió en el maestro nacional más joven de la extinta Unión Soviética. Con 16 se proclamó campeón juvenil de Europa y con 24 (allá por 1975) obtuvo el título de campeón mundial absoluto, tras ganar el torneo de candidatos de 1974 y renunciar a disputar la final el estadounidense Bobby Fischer. Tal vez éste (otra leyenda) ya barruntaba el vendaval que se avecinaba y prefirió retirarse con una hoja de servicios inmaculada. Karpov era mucho Karpov.