Reportaje | De punta en blanco Entre el 27 y el 28 de marzo de 1971, el entonces alcalde recorrió la ciudad de norte a sur para dar su visto bueno a 35 nuevas obras, entre las que se encontraba la reforma de Balaídos
28 mar 2006 . Actualizado a las 07:00 h.La página 10 de El Pueblo Gallego del día 28 de marzo de 1971 se parecía al itinerario de una carrera. Sin embargo, las etapas de este peculiar recorrido eran obras que el entonces alcalde, Antonio Ramilo, comenzó a inaugurar el día anterior y que debía completar a lo largo de la festiva jornada. Treinta y cinco etapas, treinta y cinco nuevas obras. A las once y media de la mañana del sábado 27, se abrían oficialmente los caminos de A Costa, Falcoa y Mestre Goldar en Castrelos. Una hora más tarde le llegaba el turno al camino de acceso al grupo escolar de Castrelos y, media hora después a la portería del parque Quiñones de León. Aprovechando el recorrido, la comitiva municipal se adentró en el museo para inaugura varias salas del mismo. La cosa comenzaba a calentarse y no había mucho tiempo para el regocijo personal, así que rápidamente se reinició el movimiento para acudir a Comesaña, donde se daría agua bendita a las nuevas cocheras de Vitrasa. Parada y fonda. La vorágine inaugural volvía a desatarse en la tarde sabatina. Le llegaba el turno al pavimento de las calles Cristo, León, Vizcaya y Cataluña, en O Calvario. Pero la cosa no quedó ahí y aún tuvo arrestos el recientemente fallecido Antonio Ramilo para acudir a Coia, donde la Caja de Ahorros de Vigo abría el Club de Jubilados con el concurso del obispo Delicado Baeza. La penúltima cita de la jornada estaba en Balaídos. El campo municipal estrenaba tres nuevas gradas y sólo dejaba como testigo del pasado la vieja grada de Río. También se mejoraban los accesos. Era otra de las obras heredadas de la gestión de Rafael Portanet. Hotel Bahía Con la caída de la noche, llegó el descanso, aunque sin olvidar que la cosa iba de inauguraciones. Antonio Ramilo y Pedro Zaragoza, director general de empresas y actividades turísticas del Ministerio de Información y Turismo, presidían la inauguración del Hotel Bahía, una polémica construcción que alteró notablemente toda la configuración histórica del Casco Vello, pero que en los años ochenta se convirtió en símbolo vigués merced a unas sencillas pegatinas. Los tres de Castilla, Los Soberanos y «dos grupos musicovocales» amenizaron aquella velada inaugural que duró hasta altas horas de la madrugada «en un ambiente de ininterrumpida alegría», según describe la crónica publicada en el diario vigués.