Vigués y, además, empadronado

VIGO

IN VICUS | O |

01 mar 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

UNO de los instrumentos de trabajo más útiles que puede manejar un historiador especializado en la época contemporánea son los censos. Iniciados por el Conde de Aranda en 1768 suponen una fuente de información importantísima para estudiar la población de la época a la que se refiere. Realizados con fines fundamentalmente fiscales ahora permiten analizar datos tan interesantes como los índices de natalidad y mortalidad, la densidad demográfica o la movilidad, es decir, deducir cómo eran y cómo vivían nuestros antepasados. Hoy en día los censos de población, sirven para el análisis estadístico de los demógrafos y para ejercitar el derecho al voto. Los padrones tienen, por su parte, otra utilidad: determinar el número de habitantes en cada núcleo de población y con ello los recursos económicos que les corresponden. Cuántos más habitantes tenga una ciudad con más fondos se dotará a su ayuntamiento. En Vigo, las estimaciones indican que somos más de 300.000 habitantes, cifra lo suficientemente relevante como para hacer que los ingresos sean sustanciosos, sin embargo, los dígitos del padrón municipal no alcanzan el mínimo deseado. Se supone que son miles los habitantes de esta ciudad provenientes de otras localidades que viven, trabajan, estudian y disfrutan de todos sus servicios sin estar empadronados. La vinculación a las localidades de origen puede derivar de cuestiones afectivas pero, generalmente, se fundamenta en la tasa impositiva a abonar. No es necesario haber nacido en esta ciudad para ser vigués, pero, sí parece justo que, para serlo y beneficiarse de sus servicios resulte imprescindible empadronarse y pagar sus impuestos.