Las elecciones lusas esquivan el AVE Vigo-Oporto

Miguel Á. Rodríguez VIGO

VIGO

Los principales candidatos pasan de puntillas por el compromiso con el tren a Galicia El nuevo Gobierno decidirá este año el futuro del proyecto ferroviario más polémico

21 ene 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

Ni el líder de la derecha portuguesa, Aníbal Cavaco Silva, que según las últimas encuestas estaría al borde de hacerse hoy con el 52% de los sufragios; ni sus principales opositores, el ex socialista y ahora independiente Manuel Alegre y el auténtico icono del PS, Mario Soares, se han atrevido a deshojar durante la campaña electoral la margarita del AVE entre Oporto y Vigo. Uno de los tres será mañana el nuevo presidente portugués, pero las elecciones generales del país vecino no han logrado despejar las dudas sobre el futuro del tren llamado a enlazar por alta velocidad la segunda ciudad lusa y la comunidad gallega. La galopante crisis que envuelve a la economía lusa acabó haciendo añicos el proyecto original del AVE portugués. A finales del pasado mes de octubre, Mario Lino, el ministro de Obras Públicas del gabinete de Sócrates, hacía público el descarte de las conexiones ferroviarias con Salamanca, Huelva y Vigo. El esfuerzo inversor se concentrará en la línea Lisboa-Madrid y en el enlace interior que unirá la capital portuguesa con Oporto. Ambos trenes serán una realidad entre los años 2015 y 2017 El Oporto-Vigo, que iba a entrar en funcionamiento en el 2009, sigue en el aire. Si el nuevo gobierno salido hoy de las urnas se decide a construirlo, no sería capaz de inaugurarlo al menos hasta el año 2018. Pero ni uno solo de los programas electorales categorizó en estas elecciones como prioritaria la conexión ferroviaria con Galicia. Ni tampoco los discursos de los principales líderes en Oporto tuvieron al tren como estandarte. Cavaco admitió que este año habría que tomar una decisión al respecto, pero aludió a la «incierta» evolución económica para dejar su respuesta en el aire. Por idénticos ambiguos caminos se han movido en la campaña tanto Manuel Alegre como Soares. Ni siquiera el comunista Jerónimo de Sousa, o el candidato del Bloco de Esquerda, Francisco Louça, confirmaron su interés por acelerar al máximo la esperada obra. Y es que la desidia parece contagiosa. La propia UE confirmaba esta semana que el gobierno español también está dormido. Madrid no solicitó todavía la renovación de los 2,1 millones de euros que Europa asignó al AVE Oporto-Vigo, que los expertos de Bruselas sí consideran prioritario. Un alto coste Este barbecho político en torno al tren luso-gallego podría costarle muy caro a Galicia, y a Vigo en especial. La universidad viguesa y la del Miño analizaron en el año 2003 este AVE. Sus conclusiones no dejan lugar a dudas. La puesta en marcha del equipamiento ferroviario sería capaz de generar en Galicia un negocio superior a los 17.000 millones de euros. El tren elevaría un punto y medio el actual PIB de la eurorregión (algo más de 6.000 millones de euros) y, solamente en las obras, movería un volumen de ingresos del orden de los 4.700 millones de euros. El nuevo ferrocarril multiplicaría además las posibilidades de articular estrategias en sectores como el turismo entre Galicia y el norte de Portugal. El AVE previsto acercaría Vigo y Oporto a sólo 45 minutos y enlazaría Galicia con Lisboa en poco más de dos horas y media. Pero por ahora ni siquiera es un proyecto.