EL FUTURO es incierto, también para los animales. Los 350 supervivientes de la Madroa (llegaron a ser 700) sobrellevan su condición de reclusos con la apatía de un concursante de Gran Hermano, con la diferencia de que en el zoo la audiencia cae en picado. El parque pensado para que los niños se familiaricen con el reino animal se ha convertido en un geriátrico de bípedos y cuadrúpedos. La fieras no reaccionan ni ante un bisté de solomillo, los monos están chalados y las aves aprovechan la más mínima ocasión para darse a la fuga. En este paraje tan inanimado, ovejas y cabras son las únicas especies que dan muestras de vida animal. Se reproducen como moscas en el cacharro de comida de los buitres. El concejal del tema no sabe que hacer con tanto ovino. Puestos a no hacer nada, podría esperar a que los otros bichos palmen de muerte natural (la vida sigue) y montar una granja merina.