Divertimento en estado puro

| SOLEDAD ANTÓN |

VIGO

CRÍTICA

22 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

Corta. Muy corta se hace la hora y tres cuartos (con bis incluído) que dura el espectáculo de Les Luthiers. Claro que juegan con ventaja, porque antes de salir al escenario, ya suenan en el patio de butacas (bueno, de sillas de tijera) las primeras risas. Todo lo que ha pasado hasta ese momento ha sido que se han apagado las luces mientras suena una música de fondo. Pero la gente va predispuesta a disfrutar y lo hace desde el principio. Y la que no sabe a lo que va, porque ni siquiera ha oído hablar del grupo, desde el minuto dos. Fue lo que le pasó a mi vecina de silla, que lanzó una mirada de reprobación al hombre que, en la fila de atrás, recibió a Puccio, Maronna, Mundstock, Rabinovich y Tato con una sonora carcajada para, al finalizar la actuación, pedirle disculpas y reconocer que tenía desencajada la mandíbula de tanto reirse. Es cierto que asistimos a un refrito (una selección es más fino) de sus grandes éxitos. Ibamos avisados. Pero a nadie le importó. Como, salvando las distancias (y sin salvarlas también), un fan de The Beatles no se cansa de escuchar Imagine o Yesterday . En el caso de Les Luthiers no sólo hay que escuchar, sino que hay que mirar con atención, porque la mitad del espectáculo está en la puesta en escena. Precisamente por eso, el aforo del pabellón de As Travesas, a petición del grupo, se redujo hasta las 3.000 plazas. No querían que ningún espectador se perdiera detalle por un quítame allá esa torre de sonido o esa columna. Así también se ganan adeptos, como bien saben estos hombres que, según dijeron, ya han cumplido los cuarentayveinte. Tal vez por eso son capaces de divertir a cuatro generaciones distintas. Como este fin de semana en Vigo.