La Mirilla
12 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.Que son los mejores. Es el que practican cada año la treintena de caras visibles que integran la constelación de agrupaciones creadas a la sombra (quien a buen árbol se arrima...) de la Fundación Premios da Crítica. La cita será este fin de semana en un pazo de tierras de Monçao. Todo empezó con el recorrido que allá por los primeros noventa hizo un grupo de amigos, caminata que Carlos Casares plasmó en un diario publicado en este periódico. La experiencia debió de resultar tan gratificante que se hicieron el propósito de reunirse durante unos días una vez al año para, con la cultura como mandamiento de cabecera, reflexionar en voz alta sin guión prefijado. Lo que los ejecutivos de alta dirección llaman tormenta de ideas. Que en este caso bien podría convertirse en ciclón. Más que nada porque, otra cosa no, pero la cualidad de pensar es algo que se les reconoce a los convocados. Juzguez sino. Entre otros, figuran en la lista Carlos Varela, fiscal jefe del Tribunal Superior; Ramón Castromil, vicepresidente del Consello da Cultura Galega; Benigno Sánchez, flamante director general de la RTVG (a ver...); Luis García Mañá, jefe superior de policía de Galicia; Manuel González, secretario de la Real Academia Galega; las magistradas Paz Filgueira y Rosa García; Bieito Ledo, editor; Xosé Benito Reza, director de Conservación da Natureza, Xesús Ferro Ruibal, investigador; Xosé María Fonseca y Celso Domínguez, empresarios viticultores y, por supuesto, Xosé González, presidente de la Fundación Premios da Crítica. Patrimonio a mimar Es precisamente teoría de Xosé González (Pepiño) que el patrimonio humano es el que más hay que cultivar. Y en eso están. Ni que decir tiene que durante los tres días que dura el retiro (lo empiezan mañana) no todo van a ser sesudas propuestas de futuro. Habrá tiempo para todo. Menos para la política. Ese es un apartado en el que nunca entran a saco. Dicen. Es su forma de garantizar el pluralismo de ideas del grupo, donde cada cual es de cada quien. Ideológicamente. Como decía, habrá tiempo para todo. Por ejemplo, para una visita turística al palacio de Brejoeira, una de las joyas del patrimonio portugués. O para una comida con sabor rural en uno de los restaurantes con más encanto de Melgaço. Y lo que no faltará será alguna velada musical. Fijo. Es otro clásico. Tanto que a la hora de elegir alojamiento, siempre ponen los ojos en uno que tanga piano. De hacerlo sonar con profesionalidad, como no, se encargará Ramón Castromil. Y seguro que a Celso Domínguez le han pedido que no olvide llevar el acordeón, instrumento del que es un virtuoso, según afirman los que han tenido la oportunidad de escucharle tocar. Del apartado gaitas se encargarán los hermanos Fonseca Moretón. Visto lo visto, de lo que no van a tener tiempo es de aburrirse. Pues ya nos contarán el lunes sobre qué reflexionaron esta vez.