Arriba, el espectáculo

VIGO

GUSTAVO RIVAS

Testigo directo | Astronomía popular Varios miles de personas quisieron ser testigos del fenómeno y acudieron ayer al mirador natural del monte de O Castro para no perder detalle del acontecimiento.

03 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

«Arriba, dentro del castillo están los de la asociación astrológica», decía sin ningún rubor un individuo que esperaba aprovecharse de los instrumentos de observación celeste que la Asociación Astronómica Rías Baixas había desplegado, de forma altruista y voluntaria, en la cima de O Castro. Era Vigo ayer, el centro de atención del resto de España porque su posición norocidental en la península la hacía puerta del eclipse. Quizá por ello, las diferentes cadenas de televisión instalaron sus cámaras en la primera barrera defensiva de O Castro. «Vamos hacia arriba que esto está petao», decía una adolestente, a la que no le faltaba razón. ¡Ni en la noche de los fuegos de Bouzas hay tantas personas en el viejo Feroso! «¿Hay tanta gente que no trabaje en Vigo?», me dice una amiga. Turistas murcianos, extremeños y madrileños se entremezclaban con alumnos de diferentes centros educativos de Vigo y, sobre todo, mucho polvo en suspensión. ¡Cómo arrastran los pies algunos, chiquillo! La sopa boba «Esto es una vergüenza, una falta de previsión de la alcaldesa», estalla una mujer, pelín fuera de juego. La protestante forma parte de la larga cola que espera su turno para ver por los telescópios. Un vecino le aclara la situación a la exaltada: «No les monte bronca a los muchachos que están aquí porque quieren y no puestos por el Ayuntamiento, señora». Y es que hay algunos que creen que la vida es una subvención continua. Y aún por encima, protestan. Claro que a lo mejor, confundió astronomía con gastronomía y esperaba la sopa boba, o era con una coma después de la sopa. Pero, nunca llovió que no acabara convirtiéndose en eclipse y un aplauso recorrió con alivio toda la atalaya viguesa. Eran las 10.51 horas. Se confirmaba la previsión. El fenómeno alcanzaba su climax. Durante cuatro minutos, la luna quiso robarle el protagonismo al sol, y un extraño frío se dejó sentir en su reinado. La escasez de gafas homologadas fue solventada con grandes dosis de imaginación, con la paciencia antes apuntada y, sobre todo, con mucha cooperación entre los espectadores. Ahora, paso el día y pasó la romería, y sólo queda esperar hasta el año 2026 para ver un nuevo eclipse anular. Aunque siempre queda la posibilidad de verlo en televisión y ponerse la gafas para hacerlo más real.