Adelino Angelo

PABLOS

VIGO

CONTRASTES | O |

28 sep 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

TRADICION y modernidad se dan cita en la pintura del portugués Adelino Angelo, dibujante excepcional, capaz de captar un rostro, un movimiento, un gesto, en cuatro trazos de lápiz, enérgicos y calculados, y colorista exultante, en cuya obra hay todo un folklore elevado a categoría perdurable en sus cuadros de dementes o «tolos» callejeros, gitanos de campamento periférico, que aún existen no pocos, y nómadas sin domicilio estable, a caballo entre la mendicidad y la ocupación circunstancial, que es tanto como vivir a salto de mata. El próximo mes de octubre, Adelino Angelo, cuya exposición el pasado año en Pontevedra constituyó casi un acontecimiento, será objeto de un homenaje en el auditorio de la biblioteca Almeida Garret de Porto, en el que intervendrán destacados historiadores y críticos de arte de España y Portugal, admiradores del veterano artista. Admitamos que en España en general, y hasta en esta Galicia tan próxima, con un río, el Miño, que más que separar, abraza y baña nuestras riberas y las del norte lusitano, conocemos poco y mal, y casi me atrevería a decir que desconcoemos, la plástica portuguesa. Quizá como los portugueses nos desconocen a nosotros, aunque no tanto, porque nuestra pintura, de la mano de Caixanova y otras beneméritas instituciones, ya ha viajado a diversas localidades del país vecino y hermano. A escasa distancia de nosotros, en Amarante, hay un museo dedicado a un genio allí nacido y prematuramente muerto, Amedeo de Souza Cardoso, cubista señero, admirado por Picasso y Bracque, que lo retrató en esa obra maestra que es el conocido cuadro «El portugués», reproducido en todas las historias del arte contemporáneo. Admirables son el renacentista Nuno Gonçalves, tan grande como Van der Goes o nuestros Gallegos y Bermejo. Su políptico, en el museo de Arte Antigua de Lisboa, emociona en intensidad comparable a Las Meninas o al Entierro del Señor de Orgaz. Más que notables son Columbano, Malloa, Almada Negreiros. Pero no los pasean apenas, ni aquí vinieron sino una única vez, y no todos, en muestra auspiciada por la fundación Gulbeikian, con la que acaso convendría que instituciones gallegas, oficiales y privadas importantes, estrecharan relaciones que depararan intercambios fructíferos. Leemos ya literatura portuguesa habitualmente, y no será exageración afirmar que entre nosotros son populares Pessoa, Saramago, Lobo Antunes entre los más recientes. Pero no contemplamos plástica lusitana, aunque creamos saberlo casi todo sobre la francesa, la germana o la italiana. Portugual, tan inmediata, sigue siendo la desconocida culturalmente hablando. Por eso enfatizamos a Adelino Angelo y recordamos su homenaje, en Porto, el 28 de octubre próximo.