El PSOE vigués afronta dividido la recta final hacia las municipales

Alberto Magro VIGO

VIGO

La ejecutiva local reclama primarias para la alcaldía mientras Barros exige una moción La asamblea de ayer se saldó con duras críticas al secretario local y a los concejales

26 sep 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

El PSOE vigués está como el PP gallego: todo el mundo intriga en los pasillos y casi nadie se atreve a poner las cartas sobre la mesa, so pena de salir trasquilado. No les faltan precedentes para alimentar ese temor. El último de ellos data de ayer mismo, cuando Miguel Barros, secretario comarcal socialista, enseñó sus mano y se puso al borde del precipicio: quiere una moción de censura contra Corina Porro, y la quiere ya. Para ello carga sus discursos con la palabra democracia. Habla del mandato de las urnas, de las que en Vigo salió una mayoría progresista, y advierte a sus compañeros de partido: «Estamos más preocupados de vigilarnos entre nosotros que de plantear la alternativa de gestión que nos reclamaron los votantes en las urnas». Pero su forma de ver las cosas choca de frente con las familias del partido en Vigo, recelosas de que una moción de censura contra la alcaldesa del PP frustre sus esperanzas de tomar las riendas del poder en el futuro próximo, con las municipales y la elección de candidato para ellas en el punto de mira. Y no son pocas familias a repartir: a los tradicionales principistas (de Carlos Príncipe, ex alcalde sin cargo en el partido), se unen los venturistas (de Ventura Pérez Mariño, también ex alcalde y también sin cargo) y los abelistas (de Abel Caballero, presidente del Puerto in pectore). Así, aunque los objetivos son muy distintos en cada rama del partido, hay consenso en torno a un punto: una moción de censura no les interesa y menos si es para poner a Barros como alcalde. Bien distinto lo ve la militancia, que ayer no dejó de preguntar a los miembros de la ejecutiva local y a los del grupo municipal por la ansiada censura a Porro. Críticas para todos La pregunta reiterada llevaba implícita una doble crítica de los militantes: por un lado, a la incapacidad de la ejecutiva local para integrar a todas las familias del PSOE vigués en un proyecto político y, por otro, a la inoperancia de un grupo municipal en proceso de descomposición, sin un líder definido y sin capacidad para coordinarse con las bases del partido. Así, cuando Manel Gallego, secretario local, hablaba de integración, un militante de base le acusaba de haber sido sólo capaz de «integrarse en las listas para las autonómicas». Y cuando Príncipe aludía a la democracia y a la necesidad de que la militancia de Vigo decida su candidato, el murmullo rumiaba recelos de que el ex alcalde vuelva por sus fueros y se presente de nuevo a las municipales. El resultado de tanta gresca fue extraño: ni quedó claro si algún día la militancia opinará sobre la moción de censura, ni se vio apoyo nítido a la actual ejecutiva local, toda vez que el grupo municipal perdió el suyo hace tiempo.