Con una cama por cada 340 pacientes, la urbe está a la cola de la comunidad

La Voz

VIGO

21 sep 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

Las listas de espera de Vigo no son una casualidad, sino un efecto directo de la baja inversión en los hospitales de la ciudad. Si sólo Ferrol recibe menos dinero por paciente que Vigo, es lógico que sólo Ferrol tenga menos camas de hospital por habitante que Vigo. Y así es. Los datos facilitados por el Sergas cifran en 1.250 el número de camas que suman los tres hospitales que componen el Complejo Hospitalario Universitario de Vigo (Xeral-Cíes, Nicolás Peña y Meixoeiro). Esa cantidad es ligeramente superior a la del centro hospitalario de Santiago, aunque con una gran diferencia: Vigo da servicio a muchos más ciudadanos. De ahí que mientras en la ciudad más grande de Galicia hay una cama de hospital por cada 340 pacientes potenciales, en Santiago son muchos menos a repartir: disponen de una plaza por cada 323 personas. Mejor aún es la situación en Lugo, con una cama disponible para cada 277 habitantes, y en Ourense, con una cada 310 personas. Igual que Vigo están la ciudad de A Coruña y su Juan Canalejo, con otra salvedad: allí tienen más quirófanos, razón que posiblemente explica que la lista de espera quirúrgica sea sensiblemente más corta. Como lo es en Pontevedra, Ourense, Lugo y, por supuesto, en la privilegiada Santiago, que figura a la cabeza de todas las estadísticas positivas. El drama de Ferrol Y mientras Vigo sufre, Ferrol se desangra. Sólo la ciudad más septentrional de Galicia vive una situación sanitaria más delicada que la viguesa: tienen la inversión sanitaria más baja por ciudadano, el menor número de camas por habitante y la peor proporción entre quirófanos disponibles y pacientes potenciales. Y por si fuera poco, sus perspectivas de mejora tienen poco que ver con las de Vigo. De hecho, la conselleira de Sanidade dejó caer ayer la posibilidad de que al servicio integral que dé el nuevo hospital se sume un aprovechamiento del obsoleto Xeral. El objetivo sería utilizar la emblemática torre que crece junto a la plaza de España para consultas y asistencias, siempre y cuando estos servicios «no requieran una gran especialización tecnológica». Al fin y al cabo, medio siglo de progreso no pasa en balde. Ni siquiera para la primera torre que recortó el cielo de Vigo.