Delmi, la conexión letona de Vigo

La Voz

VIGO

Cuando el apelativo se aplica a Delmi Álvarez no es una frase hecha. La cámara de fotos de este culo inquieto, cuya obra nunca nos deja indiferentes, ha hecho miles de cliks en cuatro continentes. Sus imágenes valen siempre más que mil palabras y, en muchas ocasiones, más que un millón de palabras. Seguro que los lectores de La Voz aún recuerdan aquella serie de Galegos na diáspora , en la que nos acercó el latido de incontables compatriotas que viven, trabajan, sufren, ríen... a miles de kilómetros. Tenía apenas 16 años cuando tuvo el primer contacto con la emigración. Fue en Hannover, de la mano de sus padrinos. «Aquel verano descrubrí muchas cosas y abrí los ojos todo lo que pude», cuenta. También cuenta que desde entonces nunca ha dejado de tener la sensación de no ser de ningún lado, «sólo (?) un ciudado más del mundo». Parada y fonda en Letonia Han sido varias las ocasiones en las que ha hecho un stop en sus constantes idas y vueltas. Siempre cortos por aquello del hormiguillo. Sin embargo, un día, por esas cosas de la vida, se convirtió también en emigrante. Hace más de tres años que reside en Ryga, donde trabaja como director de arte en Diena, el diario de mayor tirada de Letonia. Pero, como tantos otros emigrantes, sueña con la vuelta. Echa de menos las puestas de sol en Samil, conversar con los amigos, discutir de política con su padre o con su madre por cualquier cosa... Estos días está feliz porque, aunque sea por unos días, lo ha recuperado todo. Y se lo está mostrando a Signe, su amor letón, que se siente fascinada. Tanto que entinde, no sólo que Delmi quiera volver, sino que ella quiere quedarse. Y en eso están. Es una buena noticia. De momento, el 10 de agosto harán las maletas y desandarán en su Mercedes (sí, típico) los 4.000 kilómetros que les separan de Ryga. Pero será un hasta pronto. Volverán enseguida porque está preparando una exposición en Caixanova que, partiendo de Vigo, recorrerá toda Galicia y, si todo sale a pedir de boca, los centros gallegos del mundo. Que qué mostrará. Pues claro, instantáneas del mundo. Música a la luz de las velas Ya les conté hace unos días que el balnerario de Mondariz ponía en marcha Sabor a jazz , una sugerente mezcla gastronómico-musical que iba a tener éxito. Y vaya si lo tuvo. Fue imposible hacer un hueco a todos. El espacio y la complejidad del menú tuvon la culpa. Entre los que sí puedieron disfrutar de la velada estaban Charo Carracedo, directora de la revista Semana, y su madrido, jefe de programación de Globomedia, la productora de Emilio Aragón; Mazali Aguilar, Pablo Junquera... De la parte musical se encargó La Calle jazz trío. De las cosas del comer el chef Enrique Prada, y de las del beber el enólogo José Luis Castroviejo. Me cuentan que la noche resultó tan redonda que ya han empezado a reservarse mesas para la próxima velada culinario-musical. Será en agosto. Avisado queda.