ANTÍPODAS | O |
16 jul 2005 . Actualizado a las 07:00 h.¿EN QUÉ se parece Vigo a Bulgaria? La pregunta semeja a la de esos chistes enervantes y casi siempre malos. No se me hubiera ocurrido hacerla de no haberme acordado de la mermelada de pétalos de rosa. Vigo no se parece a Bulgaria por aquella mermelada, cuyos botes rellenaban las estanterías en las tiendas de los países socialistas del orgulloso Telón de Acero. Un telón, y detrás mil males. Pero no vamos a hacer aquí tal mermelada, aunque se difunde la noción de que la alcaldesa sólo se dedica a poner flores. Al menos, no nos ha subido los impuestos. Tampoco nos parecemos a los búlgaros en las votaciones unánimes ni en los aplausos a los líderes de los partidos de la recta vía, cuando ésos eran de color rojo, como los tulipanes de las novelas rosas. Ahora son negros, color que viste a los predicadores que hacen asesinos de jóvenes con estudios y buena familia. También los genocidas de Camboya se habían instruido en la Sorbona. Leáse Intelectuales , de Paul Johnso. El caso es que los búlgaros llevaban cuatro elecciones y en cada una, ganaba un partido. Son culos de mal asiento electoral. Como los de aquí, donde todo se prueba y nada convence. Y si el rumor se hace realidad, y hay moción de censura contra las flores, se rizará el rizo del rumbo cambiante. Fue un fiasco la aventura Mariño y ahora el PSOE cavila meterse en otra. Y meternos, que es peor. Tanta inestabilidad, apesta. Y olerá a chamusquina. Yo que tú no lo haría, forastero, dijo el clásico. Pero si quieren quemar las naves, adelante. Y de quemar va la cosa, según las malas lenguas. Será un incendio preventivo.