La Mirilla
14 jul 2005 . Actualizado a las 07:00 h.No. No es un exabrupto. Es el nombre científico de la ballena azul, especie que muy pronto pasará a formar parte de la vida cotidiana de los moañeses. Justo el tiempo que tarde el escultor Antón Salgueiro en darle forma y recubrirla de mosaico de vidrio en varios tonos azules. La explicación la tienen en la imagen de la derecha. De momento, virtual. Pero pronto tan real como el resto de la rehabilitación de O Con. Y todo gracias a Xosé Cuiña. Sí, aquel conselleiro que iba para sucesor cuando tropezó con los birretes. Bueno, a lo que iba. Un buen día se plantó Cuiña en Moaña a propósito del relleno que ahora ocupa el paseo. Los vecinos, un tanto levantiscos, no querían robarle al mar más superficie de la necesaria. Y el conselleiro, que aquella mañana demostró que lo que quería era hacer amigos, dijo que vale con el consiguiente desconcierto de los presentes. El arquitecto Juan Fernández aprovechó la sorpresa para tomar la palabra y explicar cómo entendía él el paseo. Dicho y hecho. Cuiña le encargó allí mismo un proyecto. Así se escribe la historia. En este caso para bien, porque los vecinos están encantados. Lo de la ballena, que aún no está pero que ya tiene nombre (Anduriña), será la guinda. Grande eso sí: 15 metros de largo por uno y medio de ancho. ¿Por qué una ballena y no otro animal, vegatal o mineral? Pues también tiene una explicación. Porque es su manera de recordar que un día, coincidente en el tiempo con el Prestige , además de chapapote entró una ballena en la ría y se paseó por ella con placer. Cosas. Oro olímpico En la especialidad de Química para ser exactos. El que se ha colgado la medalla nacional al cuello es Antonio Freire, un joven vigués de 17 años que estudia en el Instituto Os Rosais 2. Las pruebas, organizadas por el Colegio de Químicos, se celerabron en Luarca. Fue su particular manera de conmemorar el centenario del Nobel Severo Ochoa. En la localidad asturiana Antonio se batió el cobre con otros 134 estudiantes de segundo de Bachillerato, finalistas en los exámenes previos en las distintas comunidades. Nuestro convecino llegó, vio y venció. Claro, antes se había chapado lo que no está en los libros. Imagino. Anda que no tiene que estar orgulloso Alfonso Martínez, su profesor. Como para no estarlo. Y ahora qué. Pues a seguir apretando los codos (o no) porque le esperan Taiwán y Lima, donde representará a España, respectivamente, en las olimpiadas internacional e iberoamericana. Que se vayan peinando en Asia y en América.