Reportaje | Dos mil viguesas toman las islas Cíes La Federación de Asociaciones de Vecinos de Vigo Eduardo Chao celebró ayer su cita femenina, el único día del año en el que los hombres están vetados
30 jun 2005 . Actualizado a las 07:00 h.¿Qué se llevaría usted a una isla desierta? Dos mil mujeres, respondió la Federación de Asociaciones de Vecinos de Vigo Eduardo Chao. Ni más ni menos que el número de viguesas que ayer tomaron las islas Cíes en su cita anual. La condición fememina se lleva a rajatabla. «¿Qué hace ese hombre ahí?», pregunta una vecina indignada, tras avistar un mostacho. «Mujer, habrá venido en línea regular», responde otra con ánimo de calmarla. El sexo masculino sólo se permite hasta los catorce años, pese a que algunos parecen muy creciditos. Las organizadoras están pensando en rebajar la edad a los doce años para evitar la picaresca . Una flor roja de papel colocada con orgullo en la solapa identifica a las dos mil almas para evitar posibles extravíos de niñas o de mayores, que las hay de ochenta y tantos. ¡Hombres a la vista! Los comentarios en la cola de la estación de ría a la espera del barco no tienen desperdicio y las anécdotas se suceden una tras otra. «El mío queda bien, si muero aún puede cambiar de ternera», bromea una vecina de Cabral. «¡Hombres a la vista!», gritan otras, ya en el barco, tras divisar una embarcación de Salvamento Marítimo. «Como pillemos a uno, lo matamos». advierte otra pasajera. El alborozo se acrecienta a medida que la embaración de Mar de Ons se aproxima a las Cíes. No en vano, para muchas de ellas se trata de la única salida que hacen sin sus maridos. «Yo salidas, pocas, pero cuando lo hago me desahogo», comenta en tono jocoso otra de las pasajeras, para acto seguido recibir la réplica de una compañera: «A mí, mi marido me dijo: llévate alguna pastilla por si te duele la cabeza». «Pero qué dices, le respondí, cómo me va a doler, si tu te quedas». Llegado un momento, los comentarios se mezclan con las canturriadas: «Vivir en Vigo que bonito es....» Tampoco falta alguna que otra partida de brisca a bordo. «Y eso, que aún no tomamos el chupito», recuerda una vecina de Cabral. Desembarco El desembarco en el muelle de Rodas se hace interminable. Mujeres de todas las edades, brazo en cabestrillo, con muletas, van tomando posiciones ante el día caluroso que se avecina. Las neveras turquesa son una caja de sorpresas. Empanada, tortilla, ensaladilla, vino de barrantes, aguardiente de hierbas, de nueces, todo tipo de productos de la tierra se extienden sobre los manteles de cuadros.