La Mirilla
08 jun 2005 . Actualizado a las 07:00 h.Pensaba una servidora, ignorante ella, que Vigo no tenía tuna universitaria. Pues la tiene. Aunque a sus integrantes no les quede de universitarios más que un título en las paredes de sus respectivos despachos. La mayoría peinan canas (el que puede peinar algo). Pero eso no es obstáculo para que, siempre que el guión lo exija, se reúnan para embutirse (no sin esfuerzo) en sus trajes otrora tan usados y marcarse unos Clavelitos . Como hicieron hace un par de semanas, cuando se enteraron de que Corina Porro estaba dispuesta a rescatar la concesión de El Castillo. La morriña les pudo. Y es que el restaurante es una especie de talismán para estos hombres de capa negra y cintas de colores al viento. Ventura Luaces, maestro de la bandurria en los ratos libres que le deja su cargo de director financiero, explica que la particular querencia de la tuna por El Castillo viene de lejos. En realidad desde que se creó el grupo, hace 20 años. Marina Alcocer, alma máter del establecimiento, nunca les ponía pegas a que actuaran y, lo que es mejor, a que pasaran luego la pandereta (el parche que dicen en argot). Eran tiempos en los que, como ellos mismos reconocen, destrozaban más partituras que corazones. Así se fue fraguando una buena relación que, luego, cuando abandonaron las aulas y se asentaron en el mundo laboral, consolidaron como clientes. Porque el restaurante de Marina se convirtió en escenario de sus cenas periódicas. Ventura Luaces lamenta la poca pasión tunera que hay en Vigo, y lo difícil que resulta incorporar savia nueva. Pero no desisten. «Tal vez si tuviéramos el apoyo institucional que tienen en otras universidades...», dice. Son tan modestos pidiendo que ni siquiera hablan de dinero, se conformarían con un local para ensayar. Mientras llega y no llega, ellos a lo suyo, incluídas periódicas fiestas jorgorrio . Cualquier disculpa es buena para echar mano del pase pernocta, entregarse al buen yantar y al mejor tunear. Pues eso. Aunque esta vez no en forma de canción, sino de pintura. Y es que hoy regresa a Vigo con su particular jardín Helena Amaral. Sus cuadros se cuentan casi por especies florales. Es lo que más la inspira. Y eso se traduce en color, mucho color. Helena es una gran enamorada de Vigo, ciudad que la enganchó desde su primera visita, allá por finales de los 60. Aquí hizo grandes amigos, como Laxeiro, Pousa o Antón Abreu. Con el primero inclusó llegó compartir apadrinamiento. Fue en el bautizo de Santiago Mariño, el primero que se ofició en gallego. Creo que hasta sin permiso de la autoridad eclesiástica del momento. Claro, eso pasaba en 1970. En el capítulo artístico Helena ha sumado tantos premios, que no creo que los lleve de cuenta. Desde Francia a Japón, pasando por España, Italia, Suiza, Bélgica y, por supuesto, por su Portugal natal. Hace siete años que no cuelga su obra en Vigo, así es que son muchos los amigos que la están esperando. Me dicen que esté atenta a la inauguración, porque puede haber sorpresas entre el público. Incluso ex presidentes. Allí esteré.