Los centros de secundaria abrieron 1.454 expedientes disciplinarios desde el 2001 Los directores advierten del aumento de la conflictividad y los traumas psiquiátricos
26 may 2005 . Actualizado a las 07:00 h.«Me cuesta mucho dormir. Me levanto muy preocupado todos los días». La confesión es del director de un instituto vigués. Teme que las tragedias que se han vivido en las últimas fechas en otras ciudades tengan una secuela en su centro. Y no es para menos. La alarma generada por el suicidio de una alumna en Alicante, que podría haber sido víctima del acoso de sus compañeros, hace que la comunidad escolar busque respuestas. Consultan los datos de conflictividad escolar y no les salen las cuentas. En la provincia de Pontevedra fueron expedientados nada menos que 1.454 alumnos en los últimos cuatro cursos, a razón de dos sanciones por día de clase. Sólo el año pasado los casos graves en el entorno de Vigo que llegaron a los registros de la Xunta ascendieron a 379, de los que 346 fueron fruto de la violencia física y verbal en institutos de secundaria. El resto de niveles educativos viven casi ajenos a la violencia y la conflictividad. La directora del instituto de Beade, Ana Guerra, que en los últimos días ha sufrido en su centro algunos enfrentamientos entre alumnos, atribuye la mayor parte de los problemas a «tonterías infantiles y amoríos juveniles», que se desarrollan fuera de las clases y acaban estallando en el centro. Su versión es respaldada por el resto de directores contactados por La Voz. Subrayan que el insulto, las mofas y las amenazas son algo tristemente habitual en el día a día de los chavales de entre 12 y 16 años. «El problema es que nunca sabes cuando estas cosas son triviales, y se arreglan al día siguiente, y cuando puede haber algun conflicto realmente grave, o algún caso de acoso que nos dé un disgusto», reflexiona Alfonso Portas, director del instituto República Oriental de Uruguay, en Teis. Periferia conflictiva Las afirmaciones de este tipo se repiten en el resto de instituto consultados. Ningún centro es ajeno a los conflictos ligados a la edad de las hormonas a flor de piel. Aunque los institutos de la periferia sufren una crispación mayor. Así lo reconocen en los centros de Beade, Valladares, Teis, Comesaña y el Meixoeiro. La razón no está demasiado clara, aunque la mayoría de los directores consultados apuntan a la propia naturaleza de la zona. «Es una cuestión cultural, de estructura social. Son ambientes más rurales en los que las familias se conocen y las cosas se complican», apuntan en Beade. Algo similar cuenta el director del instituto Ricardo Mella, Manuel García: «Los centros de, entre comillas, más élite, también tienen problemas. Sólo que mientras en un sitio se te juntan dos personas conflictivas por clase, en otro son seis de una extracción social dificil. Aunque en estos institutos creo que también estamos mejor preparados para afrontar estos problemas».