El carbón que quiso esperar

VIGO

CAPOTILLO

Reportaje | La ciencia al servicio de la historia El arqueólogo Fermín Pérez tiene indicios para pensar que la antigüedad de la villa romana de Toralla es casi doscientos años mayor de lo que se había establecido

24 may 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

En algún momento de finales del siglo I y mediados del II, un esclavo de la villa galaico-romana de Toralla cortaba arbustos en las inmediaciones de la construcción. Acumulaba madera para alimentar los hornos de calefacción que distribuirían el calor a través del hypocaustum (sistema de calefacción de las salas calientes) hasta la zona de los baños calientes. En lo más profundo del horno, un miserable trozo de carbón decidía entonces esperar hasta finales del siglo XX, con el fin de aportar una oscura pista respecto a la edad del edificio. La pista ha sido encontrada por el arqueólogo de la Universidad de Vigo Fermín Pérez, quien pretende fijar la fecha de construcción de la villa que pronto será musealizada en Toralla. Hasta el momento, se tenía como segura una ambigua datación que cabalgaba entre el siglo III y IV, es decir, lo que los estudiosos de la era romana conocen como época bajoimperial. Ahora, la edad de la villa puede aumentar repentinamente en cerca de doscientos años, si los estudios que dirige Fermín Pérez llegan a feliz término. «Nunha primeira datación con Carbono 14, os carbóns deixaron unha cronoloxía altoimperial, pero temos que confirmar estas datas mediante outros métodos», explica el arqueólogo Fermín Pérez. En la actualidad, la dataciones con Carbono 14 sólo se pueden realizar en España en el CSID Instituto Rocasolano de Madrid y en las universidades de Granada y Barcelona, aunque la Xunta mantiene un convenio con el CSIC para que los arqueólogos gallegos puedan cotejar sus datos de una forma efectiva. Carbono 14 El sistema de medición por Carbono 14 se basa en un principio químico que establece que los organismos vegetales y los animales muertos cesan de reemplazar el carbono de sus tejidos. Desde ese momento, el porcentaje de Carbono 14 de la materia orgánica muerta comienza a disminuir, ya que se transmuta en Nitrógeno 14 y no es reemplazado. El director de la excavación viguesa decidió repetir las pruebas de Carbono 14, a modo de contraanálisis, pero también dispuso otras pruebas que puedan ayudar a dar luz a la cuestión. «Fixemos na Universidade de Vigo unha datación arqueomagnética sobre materiais cerámicos», indica Fermín Pérez. La prueba se basa en otro principio químico. «As cerámicas que foron fabricadas mediante altas temperaturas deixan alineadas as súas partículas férricas con respecto ao campo magnético do seu momento», añade. Sin embargo, la prueba no resultó concluyente porque el material analizado estaba demasiado degradado. «Nestes intres estamos valorando a posibilidade de repetir a análise arqueomagnética porque non todos os materiais teñen que estar degradados, e nalgún caso poderíamos resolver as datacións», dice el responsable técnico del yacimiento de Toralla. «En calquer caso, quero dicir que estas cousas están ben, que os resultados foron sorprendentes, pero iso non quere dicir que estiveran mal; agora, haberá que estudiar as explicacións», concluye Fermín Pérez. Ya tenga la villa doscientos años de más o de menos, el equipo de arqueólogos de la Universidad de Vigo volverá en otoño a trabajar en su contorno, aunque antes, dentro de dos semanas, se les podrá ver en el campo de fútbol playa del Vao, donde esperan encontrar una salina de época romana de grandes dimensiones.