«Siento su tufo en la boca»

VIGO

XOÁN CARLOS GIL

Testigo directo | Rita Campos, residente en las inmediaciones La portavoz de los residentes en la zona relata su particular calvario para sobrevivir al hedor

06 may 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

Empezó entornando unos centímetros la puerta de su casa, una vivienda unifamiliar, y ahora, no sólo la mantiene cerrada a cal y canto, sino que busca de forma desesperada cualquier ranura por la que puedan colarse los olores de la depuradora del Lagares, situada a 70 metros. Su vecino descubrió tras un riguroso trabajo de investigación que el hedor penetraba por los embellecedores de las llaves de la luz. Ahora todo esta tapado, incluso las salidas de gases, bajo el riesgo de sufrir una desgracia. Con tal panorama a Rita Campos no le quedó más remedio que alzarse en portavoz de las familias que residen en el entorno de la planta para salvar sus derechos y la calidad de vida. Poco ha salvado hasta ahora. Ya no hace vida en el jardín de su casa y las tumbonas esperan tiempos mejores en el trastero. De momento, mantiene la huerta con el riesgo de no saber lo que come: «No sabemos de qué nos estamos alimentando, algún día veremos las consecuencias», comenta con actitud desesperada. Teme que se sequen los árboles. Rita Campos se despierta a las cuatro de la madrugada asfixiada y con la garganta irritada. Otras veces sufre arcadas a causa del intenso tufo. «Siento el sabor de la mierda en la boca», expresa un tanto desairada. Confiesa que por mucho que se lave los dientes, no sirve de nada. «La comida no tiene sabor, es como estar envenenándose todo el día». Otro ejemplo no menos detestable es el de la ropa. «La lavas, la planchas y continúa con el olor pestilente; vuelves de nuevo a lavarla y así siempre», explica la vecina sin tregua. Rita Campos no oculta su mal humor, consecuencia de todo lo que está padeciendo. Desesperación e impotencia son las dos palabras que más utiliza desde hace más de siete años. Pese a todo, no está dispuesta a tirar la toalla y seguirá defendiendo su derecho y el del resto de los vecinos del entorno a una vida digna. Sabe que todo esto tendrá un coste personal, pero a estas alturas no reparará en precios y reclama la solidaridad de los vigueses, porque es un servicio de todos.