Al suelo con él

|MIGUEL Á. RODRÍGUEZ |

VIGO

CONTRAPUNTO

16 mar 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

EL PIRICOTO es ya un símbolo. Un muro de Berlín en la dictadura de la corrupción urbanística que ensombrece a Vigo y a sus políticos. Sólo por eso merecería caer. Su ilegalidad está ratificada por los tribunales, pero también por miles de ciudadanos hartos de codearse con decenas de pelotazos a los que miran con impotencia. Su derribo debería convertirse en un aviso con mayúsculas. Una luz al final del túnel para creer de nuevo en la Justicia. Lo malo es que los platos rotos de tanto desastre como adorna esta ciudad los paguen siempre inocentes ciudadanos cuyo único pecado fue hipotecarse para el resto de sus vidas en una vivienda equivocada. A ellos no les basta el consuelo de una indemnización. Pero más importante que su pena es el ejemplo. Aunque tarde, ya es hora de que los jueces le vayan poniendo fecha de caducidad al urbanismo vigués del «todovale». Y hay mucha mole que caducar.