El arte de ahogarse en directo

VIGO

M. MORALEJO

Crónica | Ensayo en el museo Los brasileños Adriano y Fernando Guimarães presentaron ayer el ensayo general de las performances que hoy y mañana estrenan por primera vez en España en el Marco de Vigo

24 feb 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

Con unas cerillas, timbres, cajas, mucha agua, poco aire y cuatro actores con una buena preparación física llegados desde Brasil, los artistas brasileños Adriano y Fernando Guimarães cocinan los ingredientes principales de las cuatro performances que estrenan para toda España en el Museo de Arte Contemporáneo de Vigo. Ayer realizaron un ensayo general de los espectáculos que se celebran hoy y mañana en dos pases (20 y 21.30 horas). Las performances Escuridão , Luz , Respiração- y Respiração+ , con una duración de media hora, tienen lugar en distintos espacios del museo. El primero se desarrolla en el auditorio. En la oscuridad, los actores están subidos a escaleras en parejas. Uno enciende una cerilla para que el otro lea la palabra oscuridad en un diccionario, hasta que se agote el fósforo. En la siguiente, titulada Luz , varios focos iluminan a cada performer que se situan de pie en el interior de unas cajas de madera abiertas al espectador. Cuando la luz se enciende, los actores hacen que corren sin moverse del sitio y al mismo tiempo recitan en voz alta la definición de la palabra luz. El público interactúa con ellos porque los focos se accionan por interruptores distribuídos entre la audiencia, que tiene en sus manos «el control de la acción». Los performers , agotados, también invitan a la gente a meterse en las cajas. El universo estético más impactante de los Guimaraes, que justifican su arte como «una reflexión sobre las relaciones de poder», habita precisamente en cajas translúcidas e iluminadas. Respiração- y Respiração+ son intervenciones artísticas no aptas para personas con angustia o claustrofobia. Un actor se mete desnudo en una caja transparente y su trabajo es aguantar allí dentro hasta que se agota el aire. El espectador asiste a su agonía mientras contempla como la caja se llena de vaho. En la última sesión, la tortura tiene forma de dos peceras llenas de agua en las que dos actores, esta vez vestidos, se sumergen hasta que suena un timbre. Cuando emergen hablan, como pueden, de respiración.