El «Guantánamo» vigués

Alberto Magro VIGO

VIGO

Reportaje | De las mafias al calabozo Una inmigrante rusa que llegó a Vigo engañada por las mafias de la prostitución pasó cinco días en los calabozos de la ciudad tras ser detenida por una orden de expulsión en suspenso

13 feb 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

?ace apenas siete meses, Veranika Smelova era una joven rusa entre un millón. Malvivía de un sueldo inferior a cien euros en una ciudad situada a 22 horas en tren de Moscú, donde pagaba la mitad del sudor de su frente por el techo que le daba cobijo. Como tantas y tantas compatriotas suyas, Veranika tuvo la desgracia de hacerse adulta en un país en busca de rumbo, sumido en una profunda crisis económica que ha convirtido el futuro de varias generaciones en un tiro al aire. Y como tantas y tantas, decidió hacer el petate para buscar una oportunidad en la própera Unión Europea. Pero la aventura pronto se convirtió en calvario. Tras pagar casi 1.500 euros por conseguir un visado que le abriese las puertas de la felicidad, Veranika Smelova dejó de ser una joven normal de menos de veinte primaveras para transformarse en carne de sexo para las mafias que viven de la miseria ajena. La primera puñalada trapera le llegó por la espalda. La misma supuesta amiga que le había vaciado los bolsillos a cambio de un visado, la metió en el autobús que la llevó de Moscú a Verona. En la poética ciudad italiana esperaba encontrar un trabajo digno, que le permitiese salir adelante mientras se labraba un horizonte mejor. Nada más lejos de su sueño. Ni era oro todo lo que relucía, ni sus amigas eran tales. En Verona debía contactar con una tal Anastasia, otra rusa que se había comprometido a buscarle trabajo. Y lo hizo, pero no del modo esperado. La supuesta aliada la puso en manos de la mafia albanesa a cambio de 3.000 euros. Mercancía sexual Ese dinero hizo de Veranika una mercancía más para los tratantes de esclavas que nutren de prostitutas del este al próspero oeste. «Al cabo de dos horas la habían violado varias veces. Después la obligaron a trabajar para conseguir 300 euros por día, de los que se quedaba un 10% para pagar la comida y el hostal a la que la llevaron a ella y a otra chica rusa», relata su actual novio, un vigués que más tarde la conoció en el prostíbulo en el que ambos trabajaban. Pero antes de llegar a Vigo, la desgracia la condujo a Mantua, donde la prostitución pasó a ser obligación ineludible. Su suerte empezó a cambiar cuando un hombre italiano se apiadó de la situación de Veranika y de su amiga. Primero les buscó un refugio lejos de la mafia y después las ayudó a huir a Barcelona, donde contaban con el apoyo de una tía natural de Rusia. Prostíbulo en Vigo Pero ni siquiera la familia acabó con el infierno. A los pocos días, Veranika y su amiga se vieron trabajando en un club vigués de la avenida del Aeropuerto. Allí conoció a José Carlos G., un joven que trabajaba en el local donde su actual pareja se prostituía noche tras noche. Veranika se empadronó en Vigo y más tarde se registró en el Concello como pareja de hecho de José Carlos, que asegura que la convenció para que dejase el club. Pero no tuvo demasiado éxito, porque el 3 de diciembre la policía intervinó en el prostíbulo y se llevó a Veranika, junto a otras diez meretrices rusas, sudamericanas, africanas y españolas. Se puso entonces en marcha un expediente de expulsión que amenazaba con devolver a Veronika al principio del camino que se transformó en calvario. Cada lunes, se presentaba en comisaría por orden policial. Y así transcurrieron los lunes hasta que llegó el 7 de febrero, día en el que se abría el proceso de normalización de inmigrantes en el que por la tarde iba a incribirse Veranika. Pero no pudo ser. Expulsión del país La policía la detuvo, tras haberse resuelto su orden de expulsión. Pasó al calabozo, mientras sus abogados presentaban un recurso de reposición y, más tarde, conseguían que se suspendiese la expulsión, por atentar contra sus derechos fundamentales. Pese a todo, Veranika paso otros cinco días en el calabozo, en una medida ordenada por un tribunal distinto, que decretó su traslado a un centro de internamiento de Madrid. Esta decisión judical indignó a sus abogados, que consideran que Veranika es víctima de una confusión legal, de un vacío que revoca todos sus derechos y la retiene presa en su particular Guantánamo. Las autoridades, sin embargo, aseguran que pueden retener a Veranika hasta 40 días. Y quizá sea eso lo que finalmente ocurra, aunque parece claro que su futuro está en Galicia, donde tiene previsto casarse con un vigués que promete acabar con la pesadilla de esta joven rusa.