Caminando entre mámoas y castros

VIGO

Reportaje | Somero repaso a una aventura El municipio vigués ofrece restos arqueológicos con más de cien mil años de antigüedad

05 feb 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

Según indica la ley, el patrimonio arqueológico no es propiedad de nadie; es de dominio público. Hermosa intención que choca una y otra vez contra quienes se niegan tercamente a conjugar los términos pasado, presente y futuro, y desprecian la rentabilidad económica y cultural que nos ofrecen los vestigios prehistóricos e históricos que cuenta este municipio. Como esto de escribir es más fácil que dirigir destinos, nos echamos a la historia y la recorremos al par que paseamos por el término municipal. Los prehistoriadores continúan, más por costumbre, empleando la denominación Paleolítico para establecer el punto de partida de la sociedad humana, de un modo algo tosco aún. El hombre entonces era nómada y dejaba pocas pistas de su paso, y menos todavía en Vigo. Los últimos hallazgos se produjeron hace sólo unos días a cargo del Clube Espeleolóxico Maúxo, en el monte que lucen en su nombre. Bifaces y otros utensilios líticos aportan una pista más del recorrido humano en Vigo. Alguno de estos instrumentos cuentan con una antigüedad que ronda los cien mil años. La playa de O Vao, A Carrasqueira o incluso la playa de A Lagoa ofrecieron en alguna ocasión piedras trabajadas por nuestros antepasados del Paleolítico. Neolítico Mientras no existen claros vestigios de época mesolítica, el Neolítico es otra cosa. El hombre ya es tal: sabe lo que es la agricultura, la cerámica y se hace más complejo en la forma de afrontar la muerte. El elemento arqueológico más representativo de esta época en Vigo es las 37 mámoas detectadas y las que se conoce que desparecieron, por ejemplo cuando se construyeron los campos del Celta en A Madroa. Las mámoas son sepulturas colectivas que se pueden encontrar en el arco montañoso que separa a Vigo de sus municipios limítrofes. Candeán, con dieciocho mámoas, es la parroquia más importante en cuanto a este tipo de yacimientos. Ya es curioso, que se hayan conservado de esta época, hace seis mil años, las tumbas y no dónde vivían los vigueses de entonces. La taxonomía prehistórica dice que le llega después el turno al Calcolítico, época caracterizada por la introducción de las metalurgias del cobre, oro y plata. En nuestros pagos se conoce un asentamiento de este tiempo en el parque forestal de Saiáns, en donde aparecieron trozos de cerámica con decoración campaniforme y útiles líticos. Los arqueólogos tienen constancia de la reutilización de mámoas, por lo menos así se detectó en Cotogrande. Finalmente, en la Cova do Folón, Coruxo, también se encontró cerámica y se relaciona este lugar con la celebración de cultos. Aproximadamente, entre el 1900 y el 800 a. C., se sitúa la Edad del Bronce, con sus tres divisiones. Mientras que de los primeros momentos de esta época a penas tenemos vestigios de interés, en el Bronce Final se encuentran los grabados rupestres. En Vigo se conocen más de un centenar de petroglifos. Coruxo es la parroquia más poblada con cincuenta elementos, seguidos por Navia, Matamá, Oia y Valladares. Curiosamente, aparecen el parte sudoccidental del municipio y no hay donde se encuentran las mámoas, en los límites orientales. A parte de estas representaciones espirituales, las hachas de bronce son el elemento más vistoso, pero carente de datos anexos. En Estea, Saiáns, se encontraron 27 hachas de bronce nuevas, por lo que se pensó que era una forma de atesorar.