Valle Inclán es mucho más

PABLOS

VIGO

CONTRASTES | O |

28 ene 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

MUCHO más que un mero narrador, Valle Inclán es un artista, un orfebre de la palabra. Y si siempre consigue primores, acaso la máxima nota de su genial creatividad la alcanza en «Tirano Banderas», esa novela de «Tierra caliente» que es una síntesis de los modismos de toda Suramérica, y no específicamente de México, que es el único país que conoció directamente de aquel continente. Por eso, llevar a la escena ese alarde realmente prodigioso de metáforas, imágenes, adjetivaciones, tipos trazados en dos golpes de pluma, es misión poco menos que imposible. Y por eso, la versión dirigida por Nieves Gámez y producida por Tomás Gayo, también actor, es fría, desangelada, en nada coincidente con la inefabilidad de la novela, capaz de captarla el lector menos atento. Además, el sainete, con tintes dramáticos, y la sucesión de escenas rápidas en decorado único no son el esperpento, genial invención del galego de Vilanova de Arousa, sin duda el escritor más brillante de la literatura española del siglo XX, maestro de tantos suramericanos, sobre todo en cuanto al personaje del dictador, seguido por Carpentier, Asturias, García Márquez, Arguedas y tantos otros. Tirano Banderas, indio caricaturizado, sublime en su ridiculez pretenciosa, no es la figura meramente altanera del actor Héctor Colomé, ni el personaje encarnado por Mario Martín se asemeja en nada al don Celes de la novela, constante sucesión de estampas como aguafuertes goyescos, de peculiar tragicomicidad. Agradezcamos a la compañía su homenaje a Valle y su deseo de mostrarlo en escena lo más dignamente posible. Pero, como todos los Quijotes filmados, o cualquier Dostievsku, han dado no más que atisbos de lo que esas cimas literarias fueron capaces de crear. Más es imposible. El público aplaudió, no obstante, y llenó, como siempre, el teatro del Centro Cultural Caixanova, nuestro anfitrión de excelentes espectáculos.