Reportaje | La gran ola económica Aunque en Vigo apenas se notó el maremoto de 1755, sí tuvo grandes consecuencias en el campo industrial ya que propició la instalación de los empresarios conserveros
15 ene 2005 . Actualizado a las 06:00 h.Las crónicas viguesas de la época dicen que el 1 de noviembre de 1755 fueron muchos los que creyeron ver los signos del Apocalipsis. Un mar embravecido, con grandes olas estrellándose contra las rocas de la actual calle Cánovas del Castillo, barcos zarandeados en el fondeadero del Areal y cuantiosas pérdidas materiales en las villas de Bouzas, Cangas y Baiona fueron algunos de los síntomas que los habitantes de la ría de Vigo sintieron pasadas las diez de la mañana. Poco antes, Lisboa era arrasada y miles de sus habitantes perecían ahogados por un tsunami, que se originó debido a un movimiento sísmico producido al suroeste del cabo San Vicente. La fuerza de aquel maremoto provocó varios miles de muertos en el golfo de Cádiz y esta ciudad se salvó gracias a su gobernador que dio la orden de cerrar las murallas que la protegían. Además, una gran ola, de unos veinte metros de alto, recorrió toda la costa atlántica peninsular, llegando a la misma Irlanda. Y es que diferentes localidades onubenses y gaditanas quedaron arrasadas hasta tal punto que se alteraron sus propias estructuras económicas. Incluso las de las rías gallegas. Nueva propuesta Una novedosa teoría explica que los conserveros catalanes comenzaron a instalarse en Galicia, especialmente en la ría de Vigo, a raíz de este maremoto. Ayamonte era una población donde había una amplia colonia de industriales catalanes dedicados a la conserva del pescado. La dureza del maremoto quebró su confianza en esta zona de Andalucía y les obligó a buscar refugio en las abrigadas rías de Galicia. El responsable de esta teoría es el historiador catalán Roberto Díaz, quien introdujo esta explicación a la instalación de los conserveros catalanes a mediados del siglo XVIII durante el Congreso de Centros de Estudios de Historia Pierre Vilar. De ser real esta explicación, el maremoto de mediados del siglo XVIII no sólo no dejó graves destrozos en nuestra costa, sino que aportó un importante capital que revolucionó el futuro de las poblaciones de la ría y especialmente de la ciudad de Vigo. Así que el maremoto no envió tsunamis contra Vigo. No obstante, El precedente de 1755 es tenido muy en cuenta en la actualidad por el Instituto Geográfico Nacional. Esta institución ha elaborado, en colaboración de Protección Civil y el Observatorio Meteorológico de la Armada, en San Fernando, un borrador sobre sistemas y metodología para crear una red de alerta de maremotos, fundamentalmente, frente al golfo de Cádiz. A pesar de que en 1755, el oleaje provocado por el movimiento sísmico fue descrito por varios escritores en puntos tan variados de Galicia como Viveiro, A Coruña o Baiona, sólo la provincia de Pontevedra y el sur de Ourense tuvieron intensidades sismográficas importantes. No obstante, en Monforte de Lemos, el seismo afectó a la estructura del Colegio del Cardenal, o en Corcubión, fue más que evidente la fuerte oscilación que ofreció aquel día la marea. Los expertos afirman que España está ubicada entre diversas placas tectónicas. El choque entre la placa euroasiática y la africana es la principal fuente de movimiento sísmicos. Uno de ellos fue el origen del terremoto de 1755. Con la debida reserva que supone hablar de predicciones naturales, los especialistas coinciden en rebajar el riesgo potencial de maremotos en Galicia. Sí es posible que una gran ola recorra toda la costa, como ocurrió en 1755, y que provoque fuertes oscilaciones en el interior de las rías. La costa abrupta que presenta el litoral gallego actuaría como amortiguador frente a una gran ola, del mismo modo que lo harían las diferentes islas que se encuentran situadas en las bocas de las rías. Finalmente, se necesita un intensidad cercana al 9 de Ritcher, con movimiento verticales, para que se produzca un tsunami. Ciencia ficción Aún así, si usted es amigo de la ciencia ficción y quiere ponerse en el caso de que se produjese un maremoto y una gran ola entrase en la ría, quizá coincida en afirmar que las zonas más directamente afectadas serían las zonas extremas de la península del Morrazo, especialmente los arenales de Barra, Nerga y Liméns. También sufrirían el impacto de las aguas las zonas bajas de la ciudad de Vigo y, especialmente, el valle del Lagares hasta Sárdoma, donde comienza su ascenso. Pero es sólo ciencia ficción que ojalá nunca tenga una plasmación real.