Sobresaliente para «Are More»

Tito Dean CRÍTICO MUSICAL

VIGO

CAPOTILLO

Crónica | Los ecos del 2004 El festival musical de Vigo elevó el listón con el respaldo del público

11 ene 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

El quinto año del Festival Are More nos ha depararado tal vez un resumen de lo mejor de las cinco ediciones ya vividas en una ciudad que valora esta cita anual como una necesidad cultural. A lo largo de dos meses y 20 conciertos con una variada y muy original programación confeccionada con rigor por su director artístico, Roberto Relova, el festival nos ha regalado repertorios infrecuentes, músicas inéditas, un estreno mundial, óperas barrocas en concierto, recitales de grandes cantantes e instrumentistas, así como la destacada cita con los niños, ganando a pulso una singular importancia y situándose ya en una muy destacada posición dentro de la oferta cultural española y europea. El pistoletazo de salida no pudo ser más espectacular: la ópera Tamerlano , de Haendel, a cargo de una de las orquestas barrocas más prestigiosas del momento, Le Concert d¿Astree, con un nutrido grupo de cantantes, a cada cual mejor y más identificado con sus roles. Tras esta gran velada se sucedieron de manera casi vertiginosa el resto de los conciertos bajo un denominador común: la alta calidad musical. Las grandes voces son una de los principales reclamos: María Bayo, una de las cantantes españolas con mayor prestigio y proyección internacional volvía a exhibir uno de los instrumentos más bellos de soprano que puedan hoy escucharse: timbre brillante, de perfecta dicción y admirable proyección; artista siempre comunicativa y expresiva. Regaló un recital de canciones españolas del siglo XVIII (contemporaneas de su admirado Mozart) y del siglo XX. Un repertorio nada fácil aúnque lo pareciese, gracias a su magnífica técnica y musicalidad. Nathalie Stutzmann paseó su oscura voz de contralto y, sobre todo, su inteligencia al servicio de los distintos estilos que requerían los pentagramas de las Arie Antiche , el oscuro mundo de Schubert, y las melodies francesas, de las que es, con el concurso de Inger Södergren, una de sus más destacadas embajadoras. Lo mismo cabría decir de Mathias Goerne, heredero de la gran tradición de liederistas alemanes, que abordó con sobrecogedora belleza el ciclo Viaje de Invierno , de Schubert. Altísima representación de solistas instrumentales: el ya muy querido Jean-Yves Thibaudet, revalidaba su éxito en su segunda visita. No se sabe que admirar más, si su portentosa técnica o la excepcional poesía y musicalidad que emanan sus versiones difícilmente superables de Debussy y Liszt. Pero además el festival invitaba a grandes virtuosos: David Russell, exquisito guitarrista, derrochó como es habitual en él, musicalidad y humanidad, al que deseamos suerte con su candidatura a los Premios Grammy. Bogdan Bacanu, un prodigio de la marimba, homenajeó y dedicó conmovedoras palabras a su profesora y madre espiritual, la compositora japonesa Keiko Abe. El término de virtuoso, en el sentido más amplio, debe aplicarse a Christian Lindberg, que elevó el trombón a la categoría solística. Basta con decir que es dedicatario de más de 80 conciertos y un centenar de piezas diversas. Los amantes del viento-metal estaban de enhorabuena y ovacionaron de modo espontáneo todas las intervenciones de los dos grandes artistas y del estupendo Spanish Brass Luur Metals. Los amantes de la música de cámara disfrutaron de tres conciertos con los cuartetos de cuerda de Mozart, Brahms y, sobre todo, unos cuartetos de Shostakovich para el recuerdo, a cargo de una de las mejores formaciones del mundo, The Alexander String Quartet. La Música Antigua ha sido una fuerte apuesta desde el principio: nombres de primera línea en el panorama internacional como la contralto Marijana Mijanovic y el tenor Kresimir Spicer no dejaron dudas de por qué están entre los cantantes más solicitados del momento: irreprochables por musicalidad y técnica. Mención aparte merecen, además de las intervenciones solísticas de la soprano Celine Ricci y el tenor Felipe Nieto, las de los músicos del Ensemble Kaleidoscope, capitaneados bajo la atenta y dinámica dirección de Jory Vinikour, desde el clave. Fueron dos extensas e impagables veladas, que aglutinaban parte de la mejor producción barroca de Monteverdi, Bach y Vivaldi. El clavecinista Pierre Hantaï ofreció otro de sus maratonianos recitales en torno a Bach, donde volvió a dejar constancia de su prodigiosa técnica. Días después, Stylus Phantasticus, con el barítono Víctor Torres, ofrecían un hermoso concierto en la Concatedral, con obras de los compositores que inspiraron a Bach: Buxtehude y Erlebach. Y más Bach: unas hermosas cantatas nupciales con la participación de la soprano Anne Magouët y L¿Assamblée des Honnestes Curieux. Y al final, Ute Lemper. Esta personalidad polifacética e inclasificable clausuró la sobresaliente programación de este año. Y que dure...