De las plumas al plumero

CRISTINA LOSADA

VIGO

ANTÍPODAS | O |

20 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

GREENPEACE ha topado con el hueso del sector pesquero. Lo que sorprende de esta bronca no es que el sector se soliviante, sino que la oenegé se sorprenda de que sus tácticas de guerrilla ecologista susciten reacciones de similar calibre. Greenpeace querría que aquellos que somete al abordaje no le levanten la voz ni la mano. Es mucho pedir, sobre todo, cuando lo que está en juego son los cuartos. Y no sólo eso. Dado el modo en que actúa, carece, moralmente, de derecho a pedirlo. Si yo acoso y asalto, tendré que arrostrar que me acosen y asalten a mí. Pero no son los del sector pesquero los únicos que se juegan los cuartos. Greenpeace vive de eso: de la agresividad y la espectacularidad de sus acciones, de su efecto publicitario, depende el prestigio de la marca y, por tanto, la cosecha de socios, o sea, la guita. De momento, la acusación de que reciben fondos de países que ganarían con la retirada de los pesqueros gallegos, no puede sustanciarse. Más parece que forma parte de la contra-propaganda. Greenpeace ha sido un gran éxito de marketing. Ha sabido venderse y ha conquistado espacios en los medios de comunicación por los que otros tendrían que pagar millonadas. Pero esa es justamente la cruz de los ecolos de ese tipo. Siendo la defensa del medio ambiente necesaria y loable, la pervierten con su propio interés por hacerse con el mercado de la opinión pública. Pintan panoramas catastróficos porque de que nos los creamos, penden su supervivencia y su caché. Hacen pasar por indisputables y científicas conclusiones que otros científicos cuestionan o desmienten. Y recurren al efectismo, como cuando llegaron aquí, tras el desastre del Prestige, pájaro petroleado en mano. Entonces se les recibió como a santones. Sic transit ¿ Mostraron las plumas y ahora les han visto el plumero.