La Justicia hace justicia

La Voz

VIGO

ÓSCAR VÁZQUEZ

Hay personas tan educadas que hasta para dar las gracias piden permiso. Es el caso de Joaquín López Valeiras, que ayer recibió, bien podría decirse que por aclamación, la Cruz de San Raimundo de Peñafort. A tenor de lo visto por una servidora en la sala del juzgado de lo social número 5, que es en el que el homenajeado ejerce de secretario, la Justicia se ha limitado a hacer justicia. O eso transmitía a una espectadora neutral, la calidez de los aplausos y, sobre todo, la sinceridad de los abrazos. Particularmente cariñoso (y largo, muy largo) fue el de Teruca Conde Pumpido. Otros prefirieron abrazar con la palabra, como Jesús Souto, presidente del Tribunal Superior, que presidió el acto. Pero empecemos por el principio. Buen carácer. Es la tesis de José Pérez, compañero y amigo de Joaquín, y encargado de hacer un somero repaso a las cualidades que, a la postre, determinaron que abogados, procuradores, jueces y graduados sociales, se pusieran de acuerdo a la hora de reclamar el premio. Según dijo, no es fácil resistir el contagio de las emociones y las luchas que suponen el pan de cada día en el ambiente forense. Hace falta ser de una pasta especial que, al parecer, tiene Joaquín. Y ahí es donde entra A Cañiza. No sé si entendí bien al orador, pero parece que el toxo y la carqueixa que inundan sus montes propician una mesura y una paz interior particularmente valiosas en según qué profesiones. Tal vez por eso el Padre Sarmiento hablaba maravillas de las carqueixas en sus tratados botánicos. Ni que decir tiene que César Mera, que estaba entre los invitados, iba asintiendo con la cabeza. Llegado el momento de dar las gracias Joaquín echó mano de Ortega y Gasset. Dijo que el mérito no era solo suyo. Las circunstancias han sido (y seguirán siendo) determinantes. Con un nudo en la garganta a ratos, agradeció la distintición, de la hizo partícipes a cuantos a lo largo de su carrera han formado parte de «mis circunstancias». Miró y remiró la cruz (veáse foto de la derecha) antes de pronunciar la frase final. Tiene un gran valor, vino a decir, pero ni de cerca el que tiene verse rodeado de tantos amigos en presencia de la familia. Sin duda. La puso el presidente del Tribunal Superior. Jesús Souto dijo que da gusto usar las salas de juicios para actividades alegres y festivas. Pero sobre todo dijo aquello de «sigámos la celebración en torno a una mesa». Y eso hicieron.