Bajo las bombas británicas

VIGO

Reportaje | La Guerra de Alberoni en casa El 12 de octubre de 1719, Vigo era ocupada por las fuerzas inglesas que permanecieron en la villa hasta el 7 de noviembre, tras tomar el castillo del Castro

11 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Los hijos de la Gran Bretaña tomaron Vigo por el pito de un sereno durante la primera mitad del siglo XVIII. Si en 1702, el inglés Rooke, en conchabeo con el holandés Ormond, destruyeron en Rande la famosa flota de galeones con el consiguiente saqueo de casi todos los lugares de la ría, en 1719, le llegó el turno a la entonces villa de Vigo. El asalto se enmarcó en la conocida como Guerra de Alberoni, un cardenal que aconsejó el rearme español tras el disgusto de Utrech. Felipe V se sintió muy a gusto con las sugerencias del prelado y creó una grandiosa flota de guerra bajo la sabia dirección de Patiño. Las potencias beneficiarias del Tratado de Utrech se asustaron tanto que decidieron lanzar varios ataques preventivos contra el primer borbón español, uno de ellos le tocó a Vigo. El desembarco de Samil Todo comenzó el 10 de octubre de 1719. Más de cuarenta navío, seis de ellos de guerra, se adentraron en la ría con la clara intención de hacer el mayor daño posible. Al mando del general Cobbam y del vicealmirante Muchelos (probablemente el nombre de este marino fuese otro, pero la historiografía viguesa lo escribe así) dirigen el desembarco de cerca de cuatro mil soldados en los arenales de Samil. Evidentemente, el desembarco se realiza sin ninguna oposición desde tierra. Las tropas invasoras establecen su campamento en la parroquia de San Paio de Navia, desde donde comienzan a hostigar a las aldeas de los alrededores. Los relatos de la época, recogidos por José Espinosa en su Tierra de Fragoso , resaltan la gran destrucción que hacen los ingleses en la zona, alcanzando incluso la villa de Bouzas. El 12 de octubre, uno de los navíos ingleses bombardea suavemente el casco urbano y el castillo de San Sebastián. En la villa se llega a la conclusión de que es mejor entregar la plaza antes de que sea destruida por las bombas. Una delegación viguesa entrega las llaves de la localidad a los ingleses. A partir de ese momento, la defensa local se concentra en el castillo del Castro. Por la tarde del 12 de octubre, el brigadier Homewood y dos regimientos de fusileros navales entran en Vigo y en el castillo de San Sebastián. Al mismo tiempo, en O Berbés desembarcan los ingleses el material bélico que emplearán en el asalto al castillo del Castro. José de los Herreros, el gobernador militar de la plaza viguesa, trasladó todas las fuerzas militares al interior del Castro, una deficiente fortaleza que nunca sirvió para dar protección a Vigo. Más de trece compañía de los regimientos de España y Valencia se atrincheraron en la atalaya viguesa y resistieron durante varios días un asalto que inexorablemente estaba llamado a concluir con la toma del recinto. Al poco tiempo de iniciarse el bombardeo, José de los Herreros fue herido en un hombro y tuvo que ser reemplazado por el coronel Fadrique González de Soto. Dicen las crónicas que los defensores se batieron con valor durante los cuatro primeros días del asedio, hasta tal punto que el mando británico se vio obligado a cambiar su táctica de bombardeo. Éste, hasta entonces, se estaba realizando con morteros, que a penas afectaban a la estructura del castillo. Cobbam ordenó desembarcar cañones más potentes y, con ellos, los ingleses batieron los muros del Castro. Poco a poco, la fortaleza se fue resquebrajando hasta abrir un hueco lo suficientemente grande como para tomarse en serio una oferta de negociación. Las alternativas para los defensores eran resistir y vencer, de lo contrario, no habría tregua por parte de los asaltantes. Por otro lado, no había noticias del auxilio del Capitán General de Galicia y los muertos iban en aumento entre los defensores. Con todo ello, Fadrique González de Soto confeccionó las cláusulas de las capitulaciones que en una gran parte fueron aceptadas por los ingleses el 18 de octubre. Dos días después, salían las tropas españolas del castillo y entraban los ingleses. La presencia británica aún se prolongó hasta el 7 de noviembre, tiempo en el que las tropas inglesas tomaron Pontevedra e intentaron asaltar Compostela. Las consecuencias económicas de la invasión británica fueron graves para la comarca de Vigo. Hasta tal punto, que el rey Felipe V condonó a la plaza y las parroquias del Fragoso los derechos reales de varios años.