Los del PP, con notario

| ANÍBAL BARBÓN |

VIGO

El Monte do Gozo causó en no pocos populares el efecto contrario al esperado. En lugar de ser un ejercicio espiritual político, se convirtió en una guerra de guerrillas de contertulios en la que el deporte elegido era el de tirar a dar. De una de las carpas provinciales salían más pecados que de las del resto, pero además de pecados salían juramentos. El más gordo que se pudo oír fue con el que aseguraba que un dirigente -con más peso en el pasado que en la actualidad pero que puede volver a tenerlo y va a luchar por ello- lleva tiempo reuniendo papeles sobre uno de sus enemigos en el partido y con el carpetón que ha hecho encuadernó un volumen y lo llevó a su notario de cabecera. La carpeta lleva la consiguiente nota de «si me pasa algo haga público su contenido», conocido eso sí por otros dirigentes más altos. Por eso al salir los romeros decían que el lugar del Gozo alguno está a punto de caer al pozo.