Reportaje | El corazón espiritual de la ciudad Durante tres siglos, la iglesia de Santa María acogió a una pequeña comunidad religiosa, y desde 1959 comparte la sede episcopal con la ciudad de Tui
11 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.Santa María fue la primera iglesia parroquial que tuvo Vigo, pero es difícil situar sus orígenes en el tiempo. Montserrat Rodríguez Paz publicaba hace cuatro años un libro sobre la larga historia de esta iglesia, la Concatedral actual, la colegiata antigua. La primera fecha en que aparece esta iglesia es el 1 de diciembre de 1156, momento en que las iglesias de Santiago de Vigo (no la actual) y Santa María pasan a formar parte de la jurisdicción religiosa del Cabildo de Tui. Dicen los estudiosos que entonces esta iglesia debía de tener una apariencia románica similar a las iglesias de Castrelos o Coruxo. El caso es que los orígenes de la iglesia parece que están en la presencia de una pequeña comunidad perteneciente a la Orden del Temple, cuyos miembros tenían casa en donde hoy está el templo. La bonanza económica que vivió la localidad a finales del siglo XIV, propició la construcción de un nuevo templo sobre las murallas del anterior. Esta nueva construcción cumple los preceptos gótico, a la moda entonces. Junto a esta mejora de las estructuras, el obispo tudense Pedro Beltrán le concede la categoría de Colegiata en 1497, durante el transcurso de un sínodo que se celebraba entonces en la ciudad. El antiguo párroco, que detentaba el título de abad, pasa entonces a convertirse en prior y tendrá con él a seis racioneros. Drake, al ataque Este cambio de estatus se debe al gran crecimiento de la localidad, conformada principalmente por comerciantes y pescadores. Ya acabando el siglo XVI, el corsario inglés Drake asalta Vigo y se lleva todos los objetos valiosos de la iglesia, campanas incluidas. Cuentan los historiadores que Vigo, villa desde el siglo XV, obtiene en 1617 la autonomía municipal, dejando de pertenecer sus rentas a la mitra compostelana. El siglo XVIII no sienta bien a la villa, que experimenta un retroceso poblacional. Debido a ello, el obispado tudense reduce el número de racioneros de la colegiata, ya que la villa no podía mantener a tanto religioso. Del mismo modo, el estado de la iglesia de Santa María era cada vez más ruinoso, y los numerosos parches que recibe no son capaces de enderezarla. Finalmente, el 22 de febrero de 1811, un temporal provoca el desplome de uno de los muros del templo, inutilizando la construcción para el culto. La guinda al desastre se pone el 28 de marzo de 1813, cuando se celebra la fiesta de la Reconquista. El polvorín de San Sebastián, donde hoy está el Concello, estalla y las vibraciones acaban de derribar la iglesia.