Cientouna

| JOSÉ MANUEL VEIGA |

VIGO

ÉL USA buenas maneras, él es así, joven, pero yo voy a contar la verdad. Óigala ahora que no está aquí mi asesor de imagen para retocar unas declaraciones que nos harán ganar votos. Para asegurarte una posición ensalzamos públicamente la estética del poder; la ética es muy embarazosa. Abanderar el saca lo que puedas, disculpar fallos propios, burlarse de los otros, poca tolerancia con ideas ajenas; esos son nuestros principios vitales. Se ganan apoyos y amistades. Yo estoy bien colocado, claro, y mis parientes y amigos ocupan puestos de óptima proyección, por supuesto. Se entiende, ¿no? ¿Quién no echa una honrada mano a los suyos? Por eso me sabe mal el escándalo que algunos armaron con esos 3.000 puestos ocupados, dicen, por cien buenas familias. ¡Qué lenguas! No tienen remedio, ¿verdad? No se puede defender ideas tan insensatas. La pura verdad es que nuestros valores vienen de sangre, de herencia; es cuestión de raza acunada por mano divina. Es que incorporamos el factor éxito a nuestros genes. ¿Se extraña usted? ¿Cómo explicar si no la rotunda ocupación de los mejores cargos públicos o privados por hombres y mujeres de nuestros principios morales? Sí, sí, póngalo así; y que no se me quejen los eternos recalcitrantes. Nada pueden alegar a nuestra probada dignidad y espíritu de sacrificio. ¡Satisfechos debieran estar de nuestro buen gobierno!, ¿no cree usted, pollo? Fíjese bien, lo único que no podremos perdonarles nunca es que nos desprecien por que nos guste ser unos tíos tan estupendos. ¡Así es! ¡Ya está dicho! No tema, joven; ganaremos las próximas elecciones gallegas. No habrá peligro mientras Dios encabece nuestras listas.