Espérame en el cielo

J.M. VEIGACASAS

VIGO

DE VERANO | O |

23 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

EN LA tarde del 19 de Julio de 1993, Avelino, el agente político turístico de Guamá Habanatur, no escuchaba. Esa noche debíamos salir para España, pero nos dio un fax que anunciaba la cancelación de nuestro vuelo CU470, y ya no teníamos hotel. Nos amotinamos. Amenazó con llevarnos a la policía y se echó atrás cuando aceptamos. Cama y comida en el Kohly, La Habana, hasta que nos asignaran otro vuelo. Allí actuabas tú, Compay, y «sus Muchachos», aunque aún no lo supiéramos. «Para Vigo me voy», me dijiste, y mucho más. Cantautores esnifando tus sones, sonando para triunfo de la nueva trova cubana, registrados a nombre de otros. Resplandecías, Compay; gratificaba tu corazón que se hicieran universales. Estabas muy agradecido a esos chicos que les ponían voz, guitarra, fama¿ y otra firma. Mientras descansabais a media actuación en el Kohly, organicé una colecta para vosotros en mi sombrero panamá. Muchos dólares grises, muchos, en un cuenco de paja (¿te los quitaron los poli-milis, Compay?, ahora que estás en el cielo no puedes callar ni mentir) por lo que nos hiciste disfrutar. «Creo que se arregla esta vez, voy a ir a España. Tome mi tarjeta, me la muestra si nos vemos allá», dijiste, agradecido. Qué regalo el de tu música, para siempre tuya, y el de tu presencia aquí. No me hice notar ni usé tu tarjeta; no quise poner sombras a tu gloria, ganada en casi un siglo de batalla. Diez años, menos seis días, de gozo después de nuestra cita en La Habana se ahogó tu voz. No importa ya si esos chicos restituyeron tu gloria. Disfrutaste toda la que habías soñado. Espérame en el cielo, Compay. Allí enseñaré tu tarjeta. a-barlovento@telefonica.net