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La Voz

VIGO

MARGA RODRÍGUEZ

Que en sueco significa gracias, gracias y gracias. Es lo que ha venido a decirle el Rey Carlos Gustavo a Alberto Durán, consul de Suecia en Vigo. Y lo hizo por boca del embajador, Lars Grundberg, que ayer le impuso la insignia de Comendador de la Real Orden de la Estrella Polar, máxima condecoración consular que otorga la patria de Alfred Nobel. Alrededor de un centenar de personas acudieron a la recepción en Club de Campo. En su discurso, Durán recordó cómo había accedido al puesto. Explicó que corría 1980 cuando su padre y predecesor en el cargo, consideró que era el momento de dejarlo. El embajador de entonces vino a Vigo con la intención de darle un abrazo (a su padre) y cerrar la oficina. Pero, lejos de eso, decidió que era el momento de darle un nuevo impulso. ¿Qué había pasado? Pues que Alberto le invitó a cenar y le explicó la importancia estratégica de Vigo y la necesidad de que Suecia mantuviera aquí su pica. Le convenció. Y desde entonces han fluido las relaciones, sobre todo las comerciales. La próxima que al consul (y al resto de los vigueses) le gustará que fructificase es la apertura de Ikea. Seguro que ayer, entre canapé y canapé, no olvidó recordar a Grundberg que Vigo es la primera ciudad de Galicia, que es la que más crece... en fin, que somos los mejores. Pues eso. El próximo día 28 Xosé González (Pepiño de Redondela para casi todo el mundo) pasará a engrosar la nómina de adjudicatarios a perpetuidad de la Medalla Castelao. Seguro que el escritor rianxeiro no pondría ni un pero. No hace falta más que echar un vistazo a su currículo para constatar que sus poros han destilado galleguismo desde siempre, incluso cuando estaba asimilado al pecado mortal. La diferencia es que en lugar de arder en el infierno se sufría en la cárcel el acoso y derribo (literal) de la brigada político-social. Por entonces era Pepiño de Teis, alias con el que precisamente le bautizó la policía en 1974. «Me hicieron famoso. Salí en el Telediario de las tres para toda España», recuerda. El delito que había cometido era pertenecer a la UPG, cuya estrategia política dirigía. Puesto a recordar, recuerda que su abogado de entonces fue otro destacado galleguista, Nemesio Barxa. Ya en tiempos democráticos (1979) ganó una plaza de funcionario en el Concello de Redondela, desde donde espalló el uso de la lengua y la cultura gallegas. Es el padre de iniciativas como la creación del premio de novela Eduardo Blanco Amor, o de la Asociación de Funcionarios para a Normalización Lingüistica de Galicia. Igualmente, su nombre está ligado a la puesta en marcha de la Fundación Galicia Empresa o a la campaña para galleguizar la policía nacional. Los Premios de la Crítica o los Peña Novo también tienen su firma. Lo dicho, sobran méritos. Pese a todo, cuando le llamaron de la Xunta para decirle que Manuel Fraga le tenía mucha estima, pensó que era una broma. «La misma opinión tengo de él», le respondió al comunicante. Pero no era ninguna broma. Felicidades.