«Para mí, el Che no era valiente, yo diría que era un temerario»

VIGO

M. MORALEJO

Entrevista | Manuel Díaz Nació en A Pobra do Brollón, emigró a Cuba donde participó en el derrocamiento de Batista y alcanzó el grado de coronel en el ejército de la isla caribeña

29 abr 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Manuel Díaz dice que le cuesta mucho hablar en gallego. «Son muchos años y tengo que traducir mentalmente», se excusa. En el año 1951, antes de cumplir los 18 años, llegó a Cuba en busca de trabajo. «Ahora soy tan cubano como gallego, tan gallego como cubano», afirma con un acento que no recuerda en nada a su lugar de nacimiento, A Pobra do Brollón. Desde entonces, ha sido testigo de varios hechos históricos del siglo XX. -¿Cómo llegó a participar en la revolución? -Eso se explica hablando de la situación anterior. -¿Y qué pasaba en Cuba? -Desde el punto de vista económico, había mucha gente parada o sin ningún derecho laboral. Cuando empecé a trabajar como conductor de una empresa láctea, me hicieron firmar un papel que, sin indicar la fecha, yo aceptaba mi despido. Así eran las cosas entonces. Había una crisis social, económica y política, se daban todas las condiciones revolucionarias. -También vivió el golpe de estado que dio Batista en 1952 -Estaban previstas unas elecciones en ese año y las encuestas señalaban al Partido Cubano Ortodoxo como favorito. Era un partido socialdemocrata cuyo lema era «Vergüenza contra dinero» y su símbolo era una escoba. A mí me encantaba. Eso no gustó a EE.UU. y es que Cuba jamás se dirigió desde La Habana hasta el 1 de enero de 1959. Así apoyaron al dictador Batista, se disolvió el parlamento, se abolió la constitución y quedó Cuba convertida en una dictadura. -¿Y por qué se marcha usted a Sierra Maestra a combatir aquella situación? -Yo era un joven más que tenía amigos que aparecían muertos. Algunos eran torturados de una forma salvaje, aunque no estuvieran metidos en nada. Los esbirros del dictador detenían a la gente por el simple hecho de ser jóvenes, porque éstos eran quienes hacían la revolución. Esto fue creando en mí las condiciones para unirme al resto de la juventud cubana para derrocar a la tiranía. -¿Y por qué no se retiró del ejercito tras la revolución? -Quería retirarme pero me dijeron que no, que necesitaban personas confiables y me quedé. Me trasladaron a una academia militar en Checoslovaquia y allí aprendí lo que era el socialismo y los males del capitalismo. Fui comprendiendo todo y decidí quedarme en el ejercito. Estuve en Angola y me retiré como coronel hace catorce años. -¿Había muchos gallegos en Sierra Maestra? -Alguno había. Por lo menos dos gallegos murieron en la Sierra Maestra, uno de ellos era mi hermano, y también recuerdo a otro que murió en la playa Girón, durante el desembarco de los lacayos de los yanquis. -¿Cómo eran el Che y Fidel en la Sierra Maestra? -Se les veía normales. Los soldados realizaron, en el Pino del Agua, un amago de huelga a Fidel para que no se expusiera tanto en los combates porque él estaba en primera línea de fuego. Yo no estaba en la columna del Che, yo estaba en la del comandante Juan Almeida, pero le tengo visto avanzar decididamente entre las balas trazadoras. Yo no diría que el Che era valiente, diría que era temerario. Él lo hacía para dar ejemplo. Era una gente exquisita, divina, pero yo no lo cambiaba por mi comandante, el Mulato. Era poeta y éstos son gente con una hipersensibilidad. -¿Qué futuro le augura a la revolución? -Nosotros tenemos una gran juventud allá. Fidel y Raúl son mayores, pero todos los ministros cubanos son jóvenes, ninguno nació antes de la revolución. Esto garantiza el futuro porque la juventud está muy preparada. A pesar del bloqueo al que nos somete EE.UU., Cuba sigue siendo un país solidario con muchos países pobres.