La angula más cara del lustro

Monica Torres
M.Torres TUI

VIGO

Japón, que compra el preciado manjar para sus granjas de anguila, copa el 90 por ciento de las exportaciones al pagar hasta 900 euros por kilo

19 abr 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Los pescadores del Miño apuran estos días la última luna nueva de la temporada para hacerse con la tan escurridiza como preciada angula. Y es que ahora, no sólo se confirman las malas perspectivas con las que se inauguró la veda en noviembre, sino que se cierra con los peores resultados de los últimos años. Según manifestó el presidente de la Cooperativa de Pescadores del Miño (COPESMI), Fernando Ferreira, durante toda la pasada luna sólo se capturó una media de un kilo por embarcación. De hecho, de los 500 pescadores federados, tan sólo 200 pudieron continuar dedicándose a la angula a partir de enero. La falta de producto ha provocado que el precio se dispare. A pie de río se pagó a 380 euros el kilo y, tras el proceso de elaboración, alcanza en los mercados los 450 euros, el precio más alto de los últimos cinco años, ya que en anteriores temporadas oscilaba entre los 270 y los 300 euros. A mayores, y según explicó Fernando Ferreira, el 90 por ciento de las capturas se exportan. La mayoría se la llevan los japoneses ya que, además de comprarla por unidad, llegan a pagar hasta 900 euros por kilo. La explicación es que la adquieren para sus granjas de anguila, al igual que los holandeses. Una práctica imposible en Galicia debido a las bajas temperaturas. Tan sólo una firma intentó sin éxito desarrollar esta actividad en la comarca. De hecho, en España casi no existen estas granjas. Una muy conocida, en Valencia, es la que más abastece los mercados nacionales. Precisamente, «la pesca incontrolada de anguila, la contaminación , los vertidos incontrolados y las presas, que no permiten que el río tenga un cauce estable» son, para Fernando Ferreira, algunos de los principales motivos por los que la angula no ha cumplido con su cita un año más. A su entender, poner solución a esta situación está en manos de las administraciones competentes y de los propios pescadores. «Entre todos se deben controlar los saltos de agua, programar paros biológicos y poner fin a la sobreexplotación de la anguila, tanto en el río como en el mar», considera. En este sentido explicó que «aunque es un porcentaje mínimo, sí sigue habiendo pescadores que colocan las nasas durante todo el año en el Miño, aunque sólo está permitido durante dos meses».