«Adiquerando» nos entendemos

VIGO

CAPOTILLO

Crónica | Día Mundial del Pueblo Gitano El colectivo calé organizado por mujeres que lucha por la integración social, celebró ayer un homenaje en recuerdo de las víctimas del genocidio nazi

15 abr 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Adiquerando (hablando en la lengua de los romanís), se llama la asociación de mujeres gitanas que ha tomado la iniciativa a la hora de organizarse y tratar de que la sociedad y el pueblo al que representan dejen de vivir de tópicos. Aunque el Día Mundial del Pueblo Gitano es el 8 de abril, el colectivo celebró ayer en Vigo la jornada con un acto sobre el Lagares en la que se escuchó el himno gitano (en romanó y en castellano), se tiraron flores al río en recuerdo del medio millón de gitanos asesinados durante el exterminio nazi y leyeron un poema en homenaje a las víctimas. María José Jiménez, que además es orientadora laboral en la Fundación Secretariado General Gitano, explica que el hecho de que Adiquerando sea un colectivo femenino es extrapolable al resto de la sociedad: «Las asociaciones que funcionan mejor son las de mujeres, tenemos menos miedo al trabajo y más espíritu de superación. El despegue del pueblo gitano lo estamos llevando nosotras aunque ellos apoyen. El machismo es un tópico. Existe igual que en la sociedad paya, pero es más fácil cargar de tópicos a una minoría». María José recuerda que «llevamos 525 años en España, antes de que fuese España. Tenemos una historia, un himno, una bandera (azul arriba, verde abajo y en medio la rueda de un carro o una hoguera, simbolizando el cielo, la tierra y el nomadismo) y una cultura que nadie conoce. Lo que conocen es que el gitano vende droga y vive en chabolas y eso no es la realidad. Los hay en la marginalidad pero no todos somos iguales». La presidenta de la asociación, Amelia Jiménez, manifiesta que «queremos ser como los demás, que convivan con nosotros, ¡que somos personas, somos españoles! La mala fama es cosa del pasado -asegura- trabajamos honradamente, no mentimos, no engañamos, no estafamos, no nos metemos con nadie, tenemos nuestra casa, nuestro trabajo y nuestro Dios», añade. Sus problemas son los mismos que los de los payos, pero con más dificultad para superarlos:«la falta de pisito , los chicos que no encuentran trabajo...». En cuanto a la situación de la mujer, Amelia explica que antes estaban sometidas al marido, «pero hoy son amigos, compañeros que todo se lo cuentan, llevan la casa a medias y de todo participan el uno con el otro. Por supuesto el hombre es el cabeza de familia como en todo hogar, pero comparte el vivir cotidiano». Lo que no cambia, por suerte, es la sabiduría de las canas: «Los jóvenes respetan mucho a los ancianos». Adolfo es uno de esos jóvenes, casado y con prole, que como los de su generación no habla el romanó, le han rechazado en empresas por ser gitano y es consciente de la transformación de las costumbres en primera persona: «Han cambiado mucho, ¡madre mía!, mi mujer marcha al cine, a comer por ahí, eso no existía. Ella, en casa. Llegaba el gitano, se sentaba y ¡dame de comer!, no se movía de la silla. Ahora nosotros hacemos casi todo, el otro día que la mujer no estaba, hice yo tortilla y aunque quedó negra, al menos algo comimos», ríe.