Desmemoriados

| MIGUEL Á. RODRÍGUEZ |

VIGO

CONTRAPUNTO

03 abr 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

CUANDO una ciudad pierde la memoria se queda sin alma. Vigo amanece todavía ahora al arraigo y al orgullo. Hecha con jirones de carne emigrante, el municipio más poblado de Galicia no se quería a sí mismo hasta hace bien poco. Y la herramienta para no olvidar estuvo siempre ahí. Era el mejor reclamo turístico, comparable sin duda a las islas Cíes e igual de atractivo para el visitante que nuestra ría. El truco del orgullo vigués estaba precisamente en la memoria. Si no hubiéramos destrozado nuestra arqueología, de no haber sepultado los restos de lo que fuimos, hoy disfrutaríamos de algunas de las más ricas rutas castrenses de la península, con restos de poblados romanos de primer orden que, seguro, actuarían como un espectacular atractivo para el turista. Su valor nos enseñaría a querer más este pedacito del mapa. Lástima de amnesia asesina.