La Mirilla
27 mar 2004 . Actualizado a las 06:00 h.Así se sentió el pasado viernes en Vigo Miguel Ángel Lotina. Regresó a la ciudad a petición del público, que no estaba dispuesto a dejar que se fuera de puntillas, sin una frase amable ni el reconocimiento que, afirman, merece como entrenador y, sobre todo, como persona. Más de 250 personas abarrotaban el restaurante de Cotogrande para hacerle el paseillo que, por mor de las circunstancias, no tuvo en su día. Desde luego, el viernes le resarcieron con creces. Hubo risas y hubo emoción mal contenida. Hubo aplausos y hubo Rianxeira en vena. Lo que no hubo fue representación oficial del Celta. Ni falta que hizo. En el ambiente sólo planeaba un reproche: «Teníamos que haberlo hecho antes». Como los organizadores del acto fueron cuatro modestos aficionados (Eladio Tizón a la cabeza), sin otra pretensión que reconocer a Lotina los servicios prestados (incluído el pequeño detalle de alcanzar la luna en forma de Champions), los regalos no fueron espectaculares. Dos balones y una camiseta. Pero lo importante no era el precio de los presentes, sino el valor. Y es que los cueros estaban llenos de firmas, tantas como asistentes a la cena (258) y la camiseta fue la que vistió el Celta en la eliminatoria ante el Arsenal. Lotina no dudó en vestírsela y dar unos cuantos toques de cabeza. «Nunca he vivido una situación tan emocionante como ésta y sé que nunca la voy a vivir. Gracias.» Fue todo lo que acertó a decir. «No, gracias a ti», le respondieron. Pues eso.