Caricaturas

CRISTINA LOSADA

VIGO

ANTÍPODAS | O |

20 mar 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

HAY quienes se mueven en el ruedo de la política con nociones de una simplicidad estupefaciente. A algunos les interesa promoverlas, y otros caen en la trampa, y siempre sorprende que caigan más las personas empingorotadas que las corrientes. Muchos famosos no entienden una palabra de política, pero como se creen superferolíticos, y en posesión de la verdad, se pronuncian como si fueran oráculos. Al fin, quedan, o como lacayos de unos, o más pardillos que nadie, porque toman por verdaderas las caricaturas de la realidad que les dibujan otros más astutos. La caricatura en política tiene grandes peligros, además de grandes ventajas para el que la usa, pues facilita el trabajo. En España, sectores de la izquierda se han dedicado con ahínco a caricaturizar a la derecha como «golpista», «antidemocrática» y demás epítetos, y a presentarse ellos mismos como los únicos «demócratas», «honrados» e investidos de todas las virtudes. En momentos de sobrecarga emocional, el campo está abonado para que el odio sembrado se encienda y se pase a la violencia. Un demócrata debe reprobar el acoso a la sede del PP vigués y las agresiones contra sus militantes en la noche preelectoral. No sólo por el hecho en sí, sino también por sus implicaciones. El periodista catalán «Gaziel» se lamentaba en 1934: «Hacer política, entre nosotros, significa echarse a la calle una pandilla de amigos y agitar en ella, con fines claros o turbios, a las muchedumbres que pasan.» Por ahí seguimos, y más turbios. Las caricaturas, mejor sólo en los chistes. Aunque hay chistes siniestros, como el que publicó un periódico brasileño, O Globo , tras la masacre de Madrid: un Bin Laden vestido de torero, mostrando las orejas del toro caído que era España. Para más inri, O Globo fue Premio Príncipe de Asturias. Aten ustedes los cabos, si quieren. closadafernandez@yahoo.es