Arte en lata y sin «playback»

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M. MORALEJO

Reportaje | Exposición «Cien años de Unión Conservera» Anfaco celebra su centenario con una muestra en el Museo del Mar en la que se presentan singulares piezas artísticas

05 mar 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

En la última muestra del Museo del Mar, dentro del ciclo A Mares , una de las obras seleccionadas a través del certamen Novos Valores era una instalación de Diego Seixo formada por una montaña de más de tres mil latas de conserva pintadas de negro con el lema Supermarket en su superficie. La pieza es una obra de arte contemporáneo. El mismo museo inauguró esta semana la exposición con la que la Asociación Nacional de Fabricantes de Conservas conmemora sus cien años de vida. También hay latas, muchas, de conocidas marcas que poblaron y pueblan las alacenas de cualquier hogar de España y parte del extranjero. También es arte, más, si cabe, por dos razones: la patina del tiempo que las ha convertido en onbetos de anticuario, y porque muchas de ellas se elaboraron a apartir de bocetos realizados por afamados artistas. La muestra se articula en dos niveles que se superponen y enriquecen mutuamente: uno, de carácter práctico e histórico acerca de la industria conservera, sus recursos técnicos y los medios humanos que le infundieron vida; y otro, que se sustenta en una selección de obras de prestigiosos artistas plásticos gallegos cuya mirada se detuvo en ese sector así como en las diversas actividades asociadas a la transformación de productos de la mar. Entre los cuadros que comparten escenario con las máquinas y los paneles hay lienzos de Arturo Souto, Prieto Nespereira, Lugrís, Colmeiro, Martínez Abades, Llorens o Maside, cuya familia cedió bocetos publicitarios para la revista Industrias Conserveras e incluso la primera portada de 1935. También hay bocetos para carteles de Federico Ribas cedidos por el Museo Massó, que ha colaborado con la organización prestando numerosas piezas. Otros colaboradores han sido el Museo de Castrelos, Caixanova con su colección de arte y coleccionistas privados. Oficina de los 40 El recorrido ofrece también flashbacks como la recreación de una oficina de Massó en los años 40, carteles animando a los operarios a ser creativos con aumentos de sueldo, «a discurrir un poco mientras trabaja», reza el cartel; bocetos para latas de Albo realizados en 1890; los típicos anuncios de espejo que había en los colmados (como uno de 1950 rescatado de Comestibles Peniche para la colección Alfageme). También se exhiben las monedas de pega (como en los casinos) con las que las fábricas de salazón (cada una tenía la suya propia) pagaban a los obreros que descargaban el pescado (y que luego, claro, cambiaban por dinerito de verdad). Además, en la exposición es evidente la presencia de la mujer como eje del proceso de transformación, cuando los contratos se cerraban verbalmente.