Desde Jerusalén a Santiago

M. Torres / Á. Penas PORRIÑO

VIGO

ÓSCAR VÁZQUEZ

Reportaje | Un peregrino singular Un marinero de Cádiz llegará esta semana al Obradoiro tras recorrer 57.000 kilómetros para cumplir con su promesa a la Virgen del Carmen

02 mar 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

José Antonio Calvo García llegará esta semana a Santiago de Compostela como un peregrino más. Sin embargo, su experiencia ratifica que «hay tantos Caminos como peregrinos». Y es que, este marinero de 54 años de edad, alcanzará la Plaza del Obradoiro tras recorrer 57.000 kilómetros y destrozar 20 pares de botas. Su particular historia comenzó en 1998. Ese año «volvió a nacer», al sobrevivir a un naufragio en el que perecieron 16 marineros. Él mismo relataba ayer este trágico suceso que le cambió la vida, recordando que «me salvé tras pasar nueve horas en el agua, a 0 grados, apoyándome en el cuerpo de dos de mis compañeros fallecidos». Fue entonces cuando pidió el auxilio de la Virgen del Carmen y le prometió que si le sacaba de esa, recorrería todos los centros de peregrinaje del mundo. Ha necesitado cinco años y cuatro meses para cumplir su promesa. Un tiempo en el que no ha visto a su hija ni conocido a su único nieto, de 14 meses de edad. Su periplo comenzó en Santiago, ciudad a la que ahora regresa, tras visitar Jerusalén, Roma, Noruega, Praga, el Tibet, Bangladesh, Calcuta, La Meca, Lourdes y Fátima. Tras completar este extenso circuito ayer pernoctó en el albergue de O Porriño. Lejos de que el cansancio hiciera mella en su voz y su cuerpo, y pese a que tiene dos costillas dañadas, José Antonio desbordaba alegría. Asegura que para conseguir cumplir su promesa «sólo hace falta caminar y tener un poco de fe». Tiene tantas experiencias que contar como días ha superado. Entre ellas señala que lo que más le ha impresionado ha sido estar un mes y medio con el Dalai Lama. También conserva un gran recuerdo de su audiencia con el Papa, a la que llegó escoltado por la guardia suiza. Su Santidad le animó a continuar con su camino al decirle que «si yo tuviera la salud que usted me da, me iría a hacer el Camino de Santiago con un peregrino tan experimentado como usted». Su amor por el mar le obligó además a interrumpir su viaje durante un mes, en el 2003 y desplazarse desde Rusia hasta Muxía y Finisterre para ayudar a limpiar chapapote. Su aventura le ha dejado también experiencias menos agradables. Dispuso sus ahorros (36.000 euros), para financiarse el viaje, pero hace 25 días le robaron en Faro los 1.000 euros que le quedaban y la bicicleta con la que recorrió 8.000 kilómetros. Desde entonces se mantiene con la generosidad de algunos de los pueblos que visita. El Concello de O Porriño le brindó ayer su apoyo. Los gallegos tienen ahora dos días para demostrarle su solidaridad. De ello depende que pueda reencontrase pronto con su hija y conocer a su nieto. Si no, tendrá que andar 1.000 kilómetros hasta Cádiz. Él esta radiante y tranquilo, ya que «la Virgen está muy contenta, no por haberle hecho la promesa sino por saberla cumplir». El humor tampoco le abandona nunca y, por eso avisa a aquellos que quieran seguir sus pasos que «los tres enemigos del peregrino son los curas, los perros de dos patas y los pies».