Caminos jacobeos de Tui-Vigo

José Antonio Ferreras VIGO

VIGO

Reportaje | Las rutas del año santo compostelano Los primeros testimonios de los senderos portugueses que atraviesan los municipios de Tui y de Vigo descubren lados ocultos del paisaje y la historia de las Rías Baixas

14 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

Ésta es una ciudad con muchas delicias agradables y que posee en sus alrededores campos deliciosísimos y un gran puerto de mar defendido por un fuerte castillo... y goza de un aire perfectisímo. Hay también una bella juventud de mujeres y gran abundancia de víveres y las personas son cordiales con los forasteros. Estas palabras no son mías, sino de un italiano, Nicola Albani, que en el año 1745 hizo peregrinación a Compostela, siguiendo el camino portugués. La ciudad a la que se refiere no es otra que Vigo. Son escasas las referencias a Vigo en los escritos legados por visitantes ilustres. Sin embargo, fue para muchos etapa e incluso inicio de camino terrestre, pues no debió ser poca la cantidad de barcos peregrinos que aquí pusieron escala final. De entre los que permanece constancia de presencia son especialísimamente destacables el arzobispo de Canterbury, Tomás Becket, el luego martirizado por su monarca inglés (visita esta que tuvo lugar allá por la sexta década del duodécimo siglo); el monarca portugués, Don Manuel, así como otros muchos señores principales de este país (Hipólito de Sáa cita, por ejemplo, la peregrinación que tuvo lugar en 1610 y en la que figuraban señorías tales como el conde de Orgaz o el vizconde de Vila Nova de Cerveira). Y en año no determinado por ella pasó de regreso de Compostela un tal Diego que cuenta con capilla en la parroquia de Mosende (Porriño), pues fue elevado a categoría de santo por el pueblo a pesar de la escasez de datos que sobre él se poseían: una escueta nota en la que figuraba su nombre, su condición de peregrino y su deseo de ser enterrado allí donde falleciera, lo cual sucedió en la dicha parroquia. Caso similar fue el de san Romeu, peregrino este totalmente anónimo y que, a su muerte, hizo sonar las campanas de la capilla de San Juan en las campiñas de Coruxo (existe aún allí el Camino do Romeu, unidor de las dos carreteras costeras). Primer peregrino Y, puestos en escena, no son escasos los que ubican el nacimiento de la venera como enseña distintiva de los peregrinos jacobitas en las playas de Bouzas: Cayo emerge de las aguas oceánicas con su cabalgadura, cubiertos ambos de conchas de vieira, en el momento exacto en que la barca portadora de los restos apostólicos surca las mismas en dirección a Padrón. Según la tradición, pues, sería el mismísimo apóstol el primer peregrino de los que pasarían por la ciudad olívica. De su papel como lugar de travesía y parada de caminantes jacobeos subsisten todavía en la ciudad diversos testimonios: la calle de Santiago, sita a los pies mismos del fuerte de San Sebastián (a la vera del actual edificio del Concello) y que daba entrada a la urbe a partir de la puerta de la Falperra; el templo de Santiago de Vigo, que, aunque el de hoy es de traza reciente, es iglesia ya aludida en tiempos muy próximos al arzobispo Gelmírez; y la calle Hospital, nacida en proximidades del citado templo y muerta todavía hace unos meses por mor de nuevas construcciones en la ahora bautizada como rúa de Rosalía de Castro. Pero hubo también hospitales acogedores de peregrinantes. Uno de ellos, al parecer exiguo, precisamente en la aludida calle; estuvieron los otros en zona de Puerta del Sol y plaza de la Constitución y eran sus nombres Santa Magdalena y Sancti Spíritus, luego fundidos a causa de las mermadas rentas sobre las que se sustentaban. Es curioso el que, a pesar de tales estrecheces, haya constancia de que los caminantes enfermos eran en ellos amorosamente tratados, no marcándoseles plazo de permanencia y asignándoles pensión extra para regalarles con buenos caldos de gallina que aceleraran su mejoría. Son varios los elementos que nos pueden ayudar a configurar los trazados de los caminos seguidos por los peregrinos en el sur de la provincia pontevedresa: en primer lugar, las parroquias e iglesias con advocación apostólica, así como los hospitales; lo son, en segundo término, los monasterios, los puentes y, con ellos, también los restos de calzadas antiguas y medievales.