El apellido jacobeo de Vigo

VIGO

M. MORALEJO

Reportaje | Caminos hacia Compostela En la iglesia de Castrelos confluyen dos rutas procedentes de Portugal y en la plaza de la Constitución se levantó un hospital para peregrinos hasta el siglo XIX

31 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

La asociación Amigos de los Pazos lleva muchos años reclamando el reconocimiento de la pluralidad de caminos jacobeos procedentes de Portugal. Frente a la tesis oficial de la Xunta, que habla del Camino Portugués, los miembros de la asociación aportan documentación sobre la existencia histórica de varias rutas empleadas por los peregrinos que procedían de Portugal, y que entraban en Galicia por diferentes lugares para enfilar hacia Compostela por sendas distintas. Además del punto de vista histórico, la pugna es importante porque el reconocimiento de los planteamientos de la asociación supondría que muchos más lugares de Galicia se beneficiarían de la promoción turística que en la actualidad realiza la Xunta en el exterior. Dos de esos caminos jacobeos defendidos por Amigos de los Pazos confluyen en el municipio vigués, concretamente en la iglesia románica de Santa María de Castrelos. Una de las opciones que se le planteaba a los peregrinos al llegar a la ciudad de Oporto, era avanzar hacia el norte siguiendo la línea de costa, siempre más poblada que el interior. Tras atravesar Poboa de Varzim, Esposende, Viana do Castelo y Caminha, algunos caminantes atravesaban el río Miño en barcas hacia Camposancos, como en la actualidad hace el ferry, entrando así en las tierras del Apóstol. Este camino es denominado por los especialistas como Camino Monacal o de la Costa. Una vez desembarcados en suelo gallego, los peregrinos pasaban por la villa de A Guarda para continuar hacia el norte por Oia, Baiona, Ramallosa, Saians, San Miguel de Oia, San Salvador de Coruxo, San Andrés de Comesaña, San Pedro de Matamá y Santa María de Castrelos. Desde Goián Y es que en el actual término municipal de Vigo confluían dos caminos jacobeos, concretamente se unían en Santa María de Castrelos. La otra ruta que llegaba a Vigo desde orillas del Miño, entraba en Galicia a través de la villa de Goián, para recorrer posteriormente la parroquia de Santiago de Estás, Tomiño, Vilameán, Santa María de Tebra, Gondomar, A Areíña, Vincios y Valladares para reunirse en Castrelos con el camino de la costa. Quizás estas dos rutas aportaban un fluir constante de peregrinos por la villa de Vigo. Así, durante la Edad Moderna funcionaban en la entonces villa dos hospitales para peregrinos, el del Santo Espíritu y el de la Magdalena, pero a partir de 1616, se unifican en el segundo que estuvo ubicado en la Plaza de la Constitución actual hasta el siglo XIX. En el libro El camino portugués de la costa , editado por Amigos de los Pazos, se aporta una extensa relación de peregrinos atendidos en el hospital de la Magdalena, entre ellos había muchos portugueses pero también italianos, irlandeses y de otras zonas españolas. Tras confluir los caminos en Vigo, los peregrinos volvían a la ruta hacia Compostela pasando por Teis, Paradela, Parada, Trasmaño, Rande y Portela hasta Redondela donde también había un hospital que atendía a los peregrinos que venían por la ruta procedente de Tui. Camiño do Romeu Pero volvamos al camino de la costa en el punto en el que se adentra en Vigo. Hoy en día, ya no hay una ruta ajena al asfalto y el camino coincide con la carretera de Camposancos. Sin embargo, Amigos de los Pazos proponen para Vigo rutas alternativas que se alejan de las carreteras, siempre dejando claro que no se trata de caminos viejos. Es el caso del sendero GR 53 y del paseo del río Lagares que lleva a los peregrinos hasta Castrelos. En la entrada a Vigo, la vía que enlaza la carretera de Camposancos con Los Molinos recibe el nombre de Camiño do Romeu. Según el investigador tudense Ernesto Iglesias Almeida, el origen de este nombre está relacionado con las peregrinaciones compostelanas. Según la tradición recogida por el investigador tudense, cerca de la actual iglesia parroquial de Coruxo existía una capilla dedicada a San Juan y, en sus alrededores, fue enterrado un peregrino anónimo que hacía el camino. Como los lugareños desconocían su identidad decidieron señalar su tumba con el nombre de Romeu, del romero peregrino.